Esther Durán

Serendipias

Esther Durán


Veintinueve

01/03/2024

Decíamos que escribir con niños alrededor no es tarea fácil, sin embargo, hay que ser justos, reparemos su honor: convivir con ellos aporta infinitos privilegios, entre ellos, refrescar conocimientos que por desuso o quién sabe si por absoluto desconocimiento cayeron en un agujero negro del hipocampo. De pronto, te bombardean un sinfín de preguntas que hacía mucho no te planteabas y para las que, sorpresa, no tienes respuesta y solo te queda decir: alabado sea el buscador mágico. Aprendemos los meses del año, te haces la lista: ¿sabes que algunos tienen treinta, otros, treinta y uno, febrero, veintiocho, pero, cada cuatro años, como este, veintinueve? ¿Qué esperaba? Pues la única respuesta coherente, propia de niños: ¿por qué? 
¿Por qué a mí? Esta pregunta pocas veces tiene más sentido que cuando la palabra «rara» se desliza en tu vida, me permito decir que, mucho más, si lo hace en la de tu vida más importante, un hijo. El 29 de febrero, un día único, cargado de simbolismo, es el elegido para visibilizar las enfermedades raras, para recordarnos que alrededor de 300 millones de personas en el mundo, seguramente muchísimas más, obviamente muchas muchísimas más que no aparecen jamás en los datos, sufren una. Y no existe ese porqué que uno ansía encontrar por absoluto desconsuelo y por petición urgente del más puro raciocinio, el mismo que llevamos inherente desde pequeños y da sentido a casi todo; pero no lo hay, no existe ese porqué que, en verdad, quizás, solo podría hurgar más en la herida, ya bastante profunda. Lo único cierto es que tú, mamá luchadora, no eres el porqué, no hiciste nada mal, todo lo contrario.  
Quizás uno supere, olvide, enquiste ese por qué, pues hay que seguir adelante, y son expertos en tal tarea, pero permanece, demasiado tiempo, una eternidad, la verdadera cuestión: ¿qué? Y es que, es tan cruel la realidad de estas enfermedades que, si en normales circunstancias cuando se acude a un especialista el mayor deseo es que el diagnóstico sea la nada, en estos casos, escucharlo es el todo.