Jorge Jaramillo

Mi media Fanega

Jorge Jaramillo


Se buscan nuevas vocaciones

08/01/2024

El año nuevo arranca con otra llamada para los jóvenes que hayan sentido en algún momento la vocación de iniciarse en la actividad agraria. Bien por filiación familiar, por interés propio o convencimiento, e incluso por curiosidad si se hubiera despertado en alguno de los nuevos nuevos aspirantes. Tienen en el Diario Oficial de Castilla -La Mancha una convocatoria de ayudas que incrementa -además- los importes de la subvención mínima a percibir hasta los 37.000 euros, y los 60.000 como tope. 
La consejería de Agricultura de Castilla -La Mancha aspira atraer así a otros 2.000 nuevos agricultores y ganaderos, también a más mujeres, en el total de la legislatura y cree en la respuesta, según la información que le han trasladado las propias organizaciones agrarias; al fin y al cabo son sus representantes y acompañantes en la redacción del propio proyecto de creación de empresa agraria, en muchos casos. 
 Las casi 4.000 incorporaciones subvencionadas en los últimos 8 años son una buena referencia para pensar que hay relevo y que no parece que hayamos alcanzado el techo, según van alcanzando la edad de trabajar o finalizan estudios las nuevas generaciones. No debiéramos pensar sin embargo que llegan necesariamente por inercia, o al reclamo de las propias ayudas públicas. Siempre pensé que falta trabajo de campo, mucha pedagogía y formación previa para alimentar ese espíritu que muchas veces se asoma sin calibrar las oportunidades, o incluso los riesgos que se asumen firmando el expediente. 
La administración hace bien por ello en revisar las propias bases de las anteriores convocatorias, visto que algunas condiciones del pasado representaron limitaciones para arrancar, como por ejemplo las hectáreas mínimas de tierras para justificar la solvencia del proyecto, según los cultivos, no siempre fáciles de reunir, de arrendar, ni mucho menos de comprar. En este sentido, la PAC sigue siendo un factor disuasorio para ciertos tenedores de tierras que creen arriesgarlo todo si ceden temporalmente sus derechos a un tercero, aunque ya no cultiven ni produzcan exactamente. 
También es importante que la nueva y primera convocatoria de la actual legislatura incorpore el criterio de despoblación para puntuar más aquellos proyectos que vengan de las zonas más deprimidas. Es casi heroica la valentía de cualquier joven agricultor o ganadero, ¡no digamos si la promotora es mujer!, como para tener casi la obligación moral de protegerles desde una baremación más generosa y responsable puesto que quizás en esos lugares hay pocas alternativas más viables que la del oficio de producir alimentos. Porque debiéramos pensar que los beneficios de esas incorporaciones son también comunitarios. Ganamos todos con la continuidad de estos oficios y la permanencia de las personas que deciden empeñar su propio capital y futuro para una tarea tan digna como esta. 
 Responsable y realista resulta también primar los expedientes promovidos por ganaderas y ganaderos, el sector más vulnerable y resiliente como hemos visto recientemente con la viruela o la hemorrágica, pero necesitado igualmente de una discriminación positiva para estimular ese interés emergente en nuestro medio rural, sabiendo que la estadística asusta porque refleja unos balances con más cierres de explotaciones que aperturas, lo que a medio plazo tendrá consecuencias nefastas en nuestra economía y en el medioambiente si nadie consigue parar la sangría. 
Pero todo el empeño puede resultar baldío si no hay un acompañamiento. Debe articularse un plan específico que incluya más formación y más pedagogía que ponga en valor la importancia de ese relevo para seguir contagiando de ese espíritu empresarial a las generaciones que estén por llegar. 
Y deben desarrollarse compromisos que quedaron en las páginas de la prensa como ese banco de tierras que se iba a nutrir del patrimonio de las extintas cámaras agrarias y de los ceses o abandonos que ahora controlará la recién creada Ley de la Agricultura Familiar. Desde luego también el prometido banco de derechos de agua que se dijo serviría para dar acceso al agua para mantener en pie a toda la savia nueva que un día querrá plantar porque tiene asegurado, por ejemplo, que podrá regar.