Toledo supera el medio centenar de adictos al fentanilo

Galán
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Unos 60 consumidores de este opiáceo han pasado por la Unidad de Conductas Adictivas de Toledo bajo prescripción médica. La doctora Ana Isabel Henche lo considera un fármaco útil para enfermos crónicos, pero alerta de que su mal uso es muy peligroso

Ana Isabel Henche, toxicóloga y médico en la Unidad de Conductas Adictivas de Toledo. - Foto: Yolanda Lancha

Si están leyendo estas líneas seguramente ya habrán escuchado hablar del fentanilo y de sus peligrosos efectos. Y si aún no lo han hecho, acabará llegando a sus oídos por este u otros medios. Para aquellos que no lo conozcan, el fentanilo es un opioide sintético con una potencia 50 veces mayor que la heroína y 100 veces superior que la morfina, según revelan fuentes médicas. Surgió como un fármaco para el tratamiento del dolor, especialmente para pacientes con dolencias crónicas de cáracter oncólogico.

Sin embargo, esta sustancia opiácea está en el vocabulario popular por un uso muy diferente al que se acaba de describir. Al otro lado del charco, en Estados Unidos, su consumo ha cruzado la barrera sanitaria para instalarse en las calles, hasta el punto de que los narcotraficantes utilizan su principio activo para fabricar una droga muy barata, a la par que peligrosa para la salud, o para cortar otras drogas como cocaína o metanfetamina aprovechándose del potente efecto adictivo que tiene su composición. De hecho, la situación en Norteamérica llega al punto de que el consumo de fentanilo es la principal causa de muerte no natural entre sus ciudadanos de 18 a 45 años, según un informe realizado por Families Against Fentanyl.

Por otro lado, España ocupa el cuarto puesto de la OCDE en cuanto al consumo de fentanilo, siendo el tercer opiáceo más consumido del país en el año 2022. Una situación que, pese a estos datos, es muy diferente a la estadounidense. Y es que actualmente no hay las certezas suficientes para confirmar que su consumo ilegal haya llegado a España, aunque los expertos tampoco lo descartan definitivamente.

La Unidad de Conductas Adictivas de Toledo se encuentra en el Hospital Provincial.La Unidad de Conductas Adictivas de Toledo se encuentra en el Hospital Provincial. - Foto: Yolanda LanchaDicho esto, el fentanilo es altamente consumido en este país de manera legal, es decir, bajo prescripción médica. Es ahí donde entra en juego el testimonio de Ana Isabel Henche, toxicóloga y médico de la Unidad de Conductas Adictivas en el Hospital Provincial de Toledo. La doctora, además experta a nivel nacional en el consumo de fentanilo y sus efectos, explica que su consumo ha aumentado desde hace algo más de una década debido a un mal uso sanitario, al comenzar a recetarse en exceso para otros pacientes ajenos a los citados previamente sin la información oportuna que se requiere en estos casos. De hecho, Henche apunta que parte de ese aumento del consumo se debe «a una falta de información hacia el paciente y a una ausencia de formación en los profesionales médicos».

Lo argumenta señalando que muchos de los pacientes que llegan a su unidad «no entienden que sean adictos a nada, porque ellos han tomado un fármaco tal y como les ha dicho el médico». Por ello, la labor de Ana Isabel Henche debe ser muy didáctica, teniendo en cuenta que el paciente al llegar a su consulta presenta en muchas ocasiones síndrome de abstinencia al dejar de tomar una medicación  sin un proceso paulatino, por lo que ella se encarga de explicar los peligros del consumo de fentanilo matizando que «no hay prisa para dejarlo; como si hay que tirarse un año reduciendo la dosis hasta que su cuerpo se acostumbre, y yo les voy a acompañar en ese proceso».

TOLEDO. Ana Isabel Henche, desde su experiencia personal en el Hospital Provincial de Toledo, revela que ha percibido un aumento de casos de adicciones por este consumo desde el año 2014. De hecho, aunque recalca que no todo el mundo que pasa por su unidad es adicto, en relación a una pérdida de control, sí que puede cifrar en torno a las 60 personas las que han pasado por la unidad toledana desde el año citado.

Un aspecto importante al respecto es que al principio muchos de los casos se trataban de mujeres de mediana edad que venían con su consumo recetado por la carga emocional provocada por traumas o abusos, más que por el propio dolor físico.

La toxicóloga revela que sólo ha vivido de cerca una muerte con el consumo de fentanilo como implicado y se dio en Guadalajara, pero sí que ha experimentado casos de sobredosis. Además, se trató de su primera paciente, una mujer que ingresó en la UVI por este motivo procedente del Hospital Nacional de Parapléjicos. «Llegó a consumir 24 dosis al día, una cada hora, levantándose de la cama para ello». Henche narra que «cuando esta paciente se desintoxicó me reconoció que en cuestión de 15 días se muere su madre, su padre y a su marido le da un ictus, entonces ella ve que se toma el chupachups (una fórmula de consumo por vía transmucosa) y que no piensa, lo que le lleva a tomar más y más».

Pese a estas situaciones de adicción extema, Ana Isabel Henche considera «una pena» que se pueda llegar a retirar este fármaco «tan útil para pacientes crónicos» por un mal uso del mismo y revela que «hay estudios que datan que con 1.500 euros los precursores del fármaco fabrican un gramo de fentanilo, mientras que con eso los narcotraficantes sacan alrededor de un millón y medio de euros».