Miguel Ángel Dionisio

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Miguel Ángel Dionisio


Las flores de Muriel Barbery

23/06/2021

Fue una agradable sorpresa en medio de la oscuridad de la pandemia y del primer confinamiento. Las largas horas en casa me permitieron descubrir su deliciosa obra, de la que ya les hablé en su momento. Muriel Barbery, una extraordinaria escritora francesa. Devoré, entusiasmado, sus libros, Rapsodia Gourmet, La vida de los elfos y el enternecedor La elegancia del erizo. Pequeñas joyas que se degustan como un exquisito manjar, cinceladas a base de un idioma rico, sugerente, evocador.
Barbery acaba de regalarnos otra nueva creación, Una rosa sola, recién traducida al español y publicada en Seix Barral. Partiendo de su propia experiencia vital, de los dos años que vivió en Kioto, nos traslada en esta ocasión a Japón, mostrándonos su profundo conocimiento de la cultura nipona a través de una historia de duelo, de viaje interior hacia lo más profundo de unos seres desgarrados por el dolor y la tragedia, pero capaces de hallar en el amor inesperado el lenitivo que cura sus heridas, ofreciéndoles una oportunidad de resurrección, cuando el único horizonte contemplado era el de la mera supervivencia. Una protagonista marcada por la soledad, esclavizada por un pasado que la aherroja, pero que a través de la belleza de los jardines que, de templo en templo, va recorriendo, va a ser capaz de contemplar, por medio de las flores que, en un primer momento, a pesar de ser botánica, no logra ver, una realidad que le acabará redimiendo. La rosa solitaria que era Rose se convertirá en un hermoso y espléndido arce capaz de cobijar y dar cálido refugio a otra alma desgarrada, pero salvada por la alegría insospechada del amor.
La autora entremezcla historias tradicionales japonesas con la narración del viaje de Rose, un viaje que trasciende lo físico para adentrarse en los recovecos inextricables del corazón humano. Las flores, un elemento esencial en Japón, son las que, en sus múltiples metamorfosis, realizadas por ese arte particular que es el ikebana, el arreglo floral, pero que en japonés también tiene otro nombre, kadô, el camino de las flores, van a cambiar la vida de Rose. Flores que van apareciendo a lo largo de la narración en los más diversos lugares, desde los esplendidos santuarios budistas a los sencillos rincones de las casas. Las flores, ya sean peonías, azaleas, claveles rojos, lirios, magnolias, flores de ciruelo o de cerezo, van actuando en el interior de Rose, quien llega a percibir el poder de las mismas, que simpatizando con ella y obrando en su alma, acariciando su ser como el musgo la piedra, transforman su amargura en un fragante aroma semejante al incienso que perfuma los templos.
Muriel Barbery, cuya formación académica es la filosofía, nos hace, como invitaba  Aristóteles, adentrarnos en el hondón del ser por unos caminos de belleza y admiración que nos descubren una cultura milenaria y fascinante. Un libro intenso e inteligente que no defrauda.



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