Miguel Ángel Dionisio

El torreón de San Martín

Miguel Ángel Dionisio


Jiménez de Roda

24/04/2024

Poco a poco nos vamos acercando al que será el gran acontecimiento cultural en Toledo en los próximos años, la celebración del octavo centenario del inicio de la construcción de la actual catedral gótica. Un evento que puede –y debe- ser también un empuje para lograr la capitalidad cultural europea, que una ciudad como la vieja Urbs visigoda se merece por méritos propios. Será, asimismo, una gran oportunidad para conocer mejor la historia, el patrimonio, la riqueza artística y material de nuestra Dives Toletana, de un modo particular para las nuevas y jóvenes generaciones.
El centenario y su preparación nos permite también evocar algunas de las grandes figuras históricas relacionadas tanto con la propia catedral como con la ciudad y su territorio, tanto eclesiástico -la sede primada que en tiempos fue un extenso territorio que abarcaba gran parte de Castilla-La Mancha, todo Madrid y zonas de Jaén, Ávila, Granada, Cáceres, Badajoz e incluso un enclave en el norte de África, Orán-, como civil, el amplio alfoz toledano. En el origen del actual templo primado destacan, con luz propia, dos, el rey Fernando III y el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada. 
Este último es una de las grandes personalidades de la historia española medieval. Nació en tierras de Navarra, en Puente la Reina, hacia 1170, y cursó estudios en París y Bolonia. A su regreso a la península fue nombrado consejero del rey Alfonso VIII de Castilla. Elegido por el cabildo como obispo de Osma en 1207, no llegó a ser consagrado como tal pues al quedar vacante la sede toledana se le designó para la misma, siendo confirmado por el papa Eugenio III en 1209.
La actividad pastoral de don Rodrigo resultó extraordinaria, erigiendo la colegial de Santa María de Talavera en 1211; precisando los límites diocesanos en un momento de gran expansión territorial derivados del avance de la Reconquista, tras la batalla de las Navas, en la que participó; litigando con otros prelados en el ejercicio de la primacía. Intervino en la vida política y económica del reino castellano, del que fue canciller mayor, uniendo a la mitra lugares y rentas.
Y junto a esta actividad desbordante, el primado desarrolló una intensa labor cultural, destacando como un excelente historiador, autor de obras en las que recogió la historia de los romanos, de los visigodos, de los árabes, destacando, por encima de estas, su De rebus Hispaniae, una historia de España hasta 1243, que aún sigue sirviendo como fuente. Mandó, asimismo, hacer una traducción del Corán. 
Falleció ahogado en el río Ródano en 1247, tras casi cuarenta años de pontificado. Su cuerpo se encuentra sepultado en el monasterio de Santa María de Huerta.
En 1226 puso la primera piedra de la nueva catedral, aunque algunos años antes se había comenzado la labor de cimentación y en 1238 inauguró las quince capillas del ábside.
Una figura que merecería un monumento del que carece.