Pilar Gil Adrados

Entre Encinas

Pilar Gil Adrados


Ocres de primavera

15/02/2024

El calendario nos dice que estamos en invierno. Por el campo y los jardines, aunque con las últimas lluvias y las cálidas temperaturas las plantas y los árboles se haya animado a desperezarse en verde, predominan los tonos ocres. Colores pardos, castaños, chocolates, terrosos, arenas, sombras, sienas, anaranjados, beis, grises, marrones, amarillentos de las plantas que se toman un descanso vegetativo en invierno, de los árboles desnudos en periodo de dormancia para ahorrar energía y de las hojas secas que resguardan el suelo, aportándole humedad y nutrientes al descomponerse. Un abono ocre que, afortunadamente, se libra cada vez más de escobas, aspiradoras y sopladoras, ayudando de manera natural a la fertilidad del suelo con menor esfuerzo que los abonos verdes como los cultivados en Le Potager du Roi de Versalles, ahora sede de la Escuela Superior de Paisajismo en Francia.
Aparentemente tristes y sin vida, los tonos ocres son decisivos para expresar la riqueza de colores porque matizan, dan profundidad, describen, definen, y perfilan las cosas, ya que, al fin y al cabo, las sombras como los colores también son consecuencia de la luz. El aspecto tridimensional de lo que pintamos se deriva del efecto de la luz sobre su superficie y se consigue en el lienzo con la mezcla de pinturas sombras y del color propio del objeto para obtener distintos tonos matizados según su exposición a la luz, más claros cuanto más intensa o cerca esté la fuente lumínica y más oscuros cuanto más lejos, o según el reflejo de otros objetos próximos, incluidos el aire, el mar o el cielo. Esto lo aprendí siendo bien niña, en mi primera clase de pintura a la que llegué con mi flamante maletín de pinturas, conseguido después de un par de meses de ejemplar comportamiento y contención espartana al ¡Y no me repliques! Había logrado mi caja de pinturas, pero iba decepcionada y enfurruñada porque de los muchos tubos de pintura al óleo que había, la mayoría eran marrones y casi iguales. Algo que, dada mi inclinación por el entusiasmo multicolor mejicano – sin alcanzar, por supuesto, su misterio, brillantez y genialidad-, no lograba entonces entender.
Pero estos ocres propios del invierno ya han comenzado a esfumarse entre las flores y el verde de las prematuras hojas de los árboles, porque la primavera llega adelantada de la mano del cambio climático. Esta alteración en las condiciones meteorológicas conlleva retrasos y adelantos impredecibles en las fases del ciclo vital de la planta, ya que las señales ambientales primaverales: temperatura, humedad y fotoperiodo, inducen a iniciar la floración en un tiempo en el que la probabilidad de heladas todavía es alta. Con ello, se pone en riesgo, que esas flores logren dar frutos y semillas necesarias para asegurar una nueva generación, así como la sincronización de la floración con la eclosión de los insectos polinizadores, lo que tiene impacto inmediato sobre la producción y a medio plazo sobre la variabilidad biológica de los ecosistemas naturales y agrarios.

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