Ángel Monterrubio

Tente Nublao

Ángel Monterrubio


Las Cuatro Témporas

22/11/2023

Le preguntamos a don Carlos, el maestro, que qué eran las Cuatro Témporas, porque Juanón, el Gomarrero, cuando se cabreaba se cagaba en ellas mirando al cielo y abriendo los brazos. Nos dijo que eran los tres días antes y tres días después de cierre y principio de cada estación en que los romanos daban gracias a los dioses por las cosechas con oraciones, ayuno y penitencia y que la Iglesia antigua también las celebraba.
Casi todos los rapaces de la escuela, por lo del ayuno y la penitencia, pensamos que eran una especie de  Semanas Santas sin confesión obligatoria. Abilio, el Mosca, que era un poco meapilas, dijo que entonces Juanón, el Gomarrero, con las cagadas cometía pecado. Don Carlos dijo tajante que no y, de paso, también nos explicó el dicho 'confundir el culo con las témporas'. De resultas, anduvimos una buena temporada cagándonos en las Cuatro Témporas mirando al cielo y abriendo los brazos.
Tía Jimena, Muchamiel, no confundía el culo con las témporas. Es más, relacionaba con mucho criterio y acierto las cosas y los casos y sabía de qué pie cojeaba cada hijo de vecino. Lo que sí hacía, era predecir, y no con desatino, el tiempo, precisamente con las Cuatro Témporas a manera de Cabañuelas, siguiendo el calendario lunar y observando en aquellos días y en el momento oportuno de dónde soplaba el viento y las reacciones de los animales y de las plantas y apuntándolo en un tosco cuadernillo de papeles de estraza que cosía con hilillo de bramante.
Tía Jimena, Muchamiel, era el Calendario Zaragozano de mi pueblo. Desde el que podaba, injertaba, segaba o sembraba, pasando por el que esquilaba, destetaba las terneras y hasta el que preparaba un viaje pasaban por su casa a consultar la previsión meteorológica. A todos recibía con la misma diligencia, los mandaba pasar a la cocina, sacaba el cuadernillo del aparador y le daba la opinión. Terminaba, precavida, de la misma manera:
-Pero ya sabes, galán, lo único cierto es la parca…
Tía Jimena, Muchamiel, predijo la granizada de mayo de 1977. La piedra más pequeña fue del tamaño de un huevo de gallina y duró quince minutos. Y aunque el desastre fue grande nos pilló prevenidos y evitó mayores desgracias. Como se corrió la voz la entrevistó Radio Nacional de España y pudo explicar con detenimiento al periodista cómo llegaba a las conjeturas.

«Tía Jimena, Muchamiel, era el Calendario Zaragozano de mi pueblo»

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