Juan Bravo

BAJO EL VOLCÁN

Juan Bravo


El Cultural Albacete

25/02/2024

Para quienes, hace cuarenta años, tuvimos la suerte y el honor de participar en la gestación de Cultural Albacete, evocar aquellos años es como retrotraerse al siglo de oro de la cultura de nuestra ciudad. Una auténtica explosión. Algo flotaba en el ambiente albaceteño en aquellos primeros años de la democracia que auguraba ese milagro cultural anunciado por Francisco Fuster, quien, en colaboración con un grupo de investigadores de talento –Aurelio Pretel, Santamaría Conde, García-Saúco, Miguel Panadero, Rubí Sanz, Domingo Henares y un largo etcétera–, habían fundado, hacia 1977, el Instituto de Estudios Albacetense. Vino luego, firmemente apoyados por ellos, la Revista Barcarola, que pronto supo granjearse, en Madrid y Barcelona, la colaboración de albaceteños de la diáspora –Beneyto, Sarrión–, además de personalidades literarias de gran calado –Zamora Vicente, Vicente Aleixandre, Andrés Amorós–, que hicieron que nos lo creyéramos. Unos y otros logramos sacar del yermo una cultura local que había gozado de interesantes prolegómenos con dos publicaciones efímeras, pero de gran calidad y peso –Ágora y Cal y Canto–. La primera, en tiempos de la República, la segunda en los años cincuenta. Un despertar cultural propiciado por políticos de talla, irrepetibles, como es el caso de Salvador Jiménez, José Jerez, Juan Francisco Fernández, Izquierdo, Jesús Alemán, López Ariza, Llanos Moreno y, obviamente, desde la Junta de Toledo, José Bono y José María Barreda, que andaban gestando lo que habría de ser el gran broche de oro de la Universidad de Castilla-La Mancha.
Y digo lo que antecede porque no conviene olvidar que, si la Fundación Juan March, junto con el Ministerio de Cultura, eligieron Albacete para llevar a cabo aquella experiencia piloto, que pretendía superar a la célebre Barraca, fue porque, como bien reflejaban los informes de los consejeros, Albacete, además de la cercanía a Madrid, gozaba de esa atmósfera cultural, como ciudad de encuentros y encrucijada de caminos. Y así empezó todo, en octubre de 1983: conferencias, mesas redondas, encuentros con estudiantes y profesores de grandes personalidades de las letras, de las ciencias y de las artes; conciertos de solera y exposiciones irrepetibles como la de los Grabados de Goya o la primera de Antonio López.
De la noche a la mañana, y como por ensalmo, nuestra ciudad se colocó con letras de oro en el mapa cultural de España, con una oferta más que envidiable, de altísima calidad. La lista de literatos (novelistas, ensayistas, poetas y dramaturgos), filósofos, científicos parecía no tener fin. Ver a escritores como Alberti, Cela, Benet, Buero Vallejo, José Hierro, Rosales, Francisco Ayala, Matín Gaite y un larguísimo etcétera conversando con nuestros alumnos en lo institutos de enseñanza media, fue algo rayano en lo sublime.
Pues bien, viene esto a cuento porque, por si lo ignoran, la Diputación Provincial de Albacete, hace un par de meses, sacaba a la luz un valiosísimo testimonio del que fuera testigo de excepción de los múltiples eventos en aquella primera etapa arrolladora del Cultural, Santiago Vico Monteoliva. Un libro excepcional que lleva por título Cultural Albacete. Historia Gráfica, documento imprescindible, ya no sólo por su valor demostrativo, sino incluso por la calidad de sus instantáneas. Cerca de un millar de fotografías realizadas entre 1983 y 1996, y que ofrecen un amplísimo retablo de aquella proeza cultural (tan sólo siguen vivos unos doscientos de los cerca de novecientos), sin parangón, testimonio de una época lamentablemente extinta, en la que la Cultura era la expresión viva de una sociedad, justo lo contrario de lo que vemos hoy, tiempos de degradación y postración. Mi más cordial y entusiasta enhorabuena a Vico y a la Diputación por tan bello gesto.