Antonio Pérez Henares

PAISAJES Y PAISAJANES

Antonio Pérez Henares


El esplendor de las dehesas extremeñas

12/04/2024

A principios de abril, debido a la presentación de mi nueva novela "El Juglar" y de un ciclo de divulgación histórica sobre la Conquista de América un ciclo de tuve la fortuna de poder recorrer Extremadura. Porque fue un privilegio y una bendición para los sentidos el poder hacerlo y sumergirme en el esplendor de la dehesa, que este año ha sido el más deslumbrante en mucho tiempo y cuya belleza era tal que al entrar desde cada rincón y cada horizonte por los ojos, alumbraba el corazón. Las abundantes lluvias que han resucitado las tierras de España entera fueron también muy generosas allí y la respuesta ha sido una autentica explosión de vida, de color, de olor, de aire y de emoción.

He visitado ciudades cargadas de historia, cuyos hijos son hoy historia del mundo. Jerez de los Caballeros (Balboa y Hernando de Soto) Medellín (Cortés) Trujillo ( Los Pizarro y Orellana), las murallas de Badajoz, el castillo de Alburquerque y la plaza de Olivenza. Y en cuanto me podía me escapaba al campo para disfrutarlo, catarlo con los ojos y he de reconocer que con la boca también, que los buenos caldos y las bien preparadas viandas, son cultura también. De la mejor y más popular. De hecho y en ese periplo hasta pude asistir a un campeonato de acoso y derribo y disfrutar de las evoluciones de los maravillosos caballos y la habilidad de sus jinetes. Todo un deleite también donde me reencontré con más de un amigo pues, y a eso voy, en estas suertes camperas es cuando siempre se topa uno con otros que en el campo están. O sea, con bastantes cazadores. Que esta vez, además, si que pienso regresar de veras este otoño y echar alguna jornada por allí.

Una y otra vez, fuera por el lugar que fuera, y fueron muchos por los que fui y atravesé, no deje de notar que el ojo de estas gentes de campo, y algo de ello aún queda en mí, tiene siempre un algo diferente en el mirar, sea este un cazador, un labrador, un ganadero, un viticultor, un apicultor o lo que sea, porque suele serlo varias cosas a la vez. Esa mirada ahonda más y penetra mejor, pero sobre todo se fija en algo mucho más acá y más cargado de vida. Nunca es una mirada sobre la postal ni se queda en la postal, el campo no lo es, sino en un entorno vivo, en continuo movimiento, sea este el imperceptible pero apreciable por quien sabe ver del vegetal al veloz del ave, el cauteloso del mamífero salvaje o el reposado del domestico. Todos esos superponiéndose, complementándose y anunciando cada cual una cosa o señalando un porqué.

La sensación, que seguro es similar por toda la geografía, en cuanto pueda me voy a escapar a vivir unos días dentro de esta primavera en mis refugios alcarreños y en particular al Enebral. Necesito ir allí y ver lo que ya en marzo empecé a ver, pero en esta ocasión al detalle y echándole el tiempo necesario. Pasar largas horas de contemplación, atento y al tiempo en el reposo y la quietud y amen de que me cuenten, plantas y animales, como está yendo la cosa, llenarme yo también de esta primavera que nos ha resucitado al verla un poco a todos también.