Javier López

NUEVO SURCO

Javier López


Sanchismo: arquitectura básica

15/11/2023

El sanchismo se configura como tal. Lo que hasta ahora era un apelativo despectivo hacia el protagonista de la historia y lo que le rodea, genera y provoca, ahora es ya un hecho consumado. En términos generales podemos definir al llamado 'sanchismo' como una gran, incluso patológica, ambición personal, carente escrúpulos morales o  proyecto a largo plazo, que se mantiene viva dispensando cheques en blanco a cambio de un rato más en el Poder. La codicia no encuentra límites y se sostiene sobre un relato supuestamente ideológico que más bien está integrado por una arquitectura de falacias bien definidas.
1.La falacia de la aritmética parlamentaria: un recurso legítimo e imprescindible en un sistema parlamentario como el nuestro, que en el sanchismo se interpreta de una forma torticera, mucho más allá de lo que dicta el sentido y el bien común, para construir mayorías parlamentarias sumando a toda costa con minorías independentistas y reaccionarias, algunas de signo derechista, a cambio de concesiones disparatadas que quiebran la igualdad básica entre españoles y tensan las costuras de la Constitución hasta el borde de la rotura irreparable. El sanchismo se encarga de presentar su extraña aritmética como «lo que quiere la mayoría de la gente», tomando el rábano por las hojas, obviando que la gente, en su inmensa mayoría, quizá preferiría esa otra aritmética parlamentaria que resultaría de un gran acuerdo de Estado entre los dos grandes partidos centrales del país, o incluso volver a las urnas para pronunciarse de nuevo sobre terreno ya conocido y negado en la anterior campaña electoral. Sánchez no ha ganado nunca unas elecciones de forma rotunda, pero conserva el poder a base de aritméticas a cada cual más extraña y siempre construidas sobre pactos con los enemigos del Estado.
2.La falacia del apaciguamiento y la reconciliación: Sánchez envuelve desde el principio su ilimitada ambición con amables relatos construidos sobre supuestas necesidades de los españoles. Finalmente lo que consigue es provocar fracturas en la sociedad de consecuencias aún no calculables. Con el relato del apaciguamiento, Sánchez se dispone ahora a abrir un mandato sobre la base de unos pactos rocambolescos, a todas luces dudosamente constitucionales, organizados en torno a una amnistía a delincuentes condenados en firme (algo insólito en un Estado democrático como el nuestro) que, además, insisten en que lo volverán a hacer, lo que sitúa el pacto directamente en el territorio de lo surrealista, grotesco e indignante. Todo a cambio de los siete votos que necesita para mantener la presidencia. Frente a ello se han levantado colectivos profesionales como los jueces, los sanitarios, los guardias civiles, los diplomáticos, los inspectores de Hacienda etc, y una parte importante de la sociedad echada a la calle. Al presidente del Gobierno en funciones no le importa. La sociedad está quebrada y lo estará cada vez más. El seguirá con sus relatos de apaciguamientos y reconciliación, pero es absolutamente inconcebible, y obsceno, que una persona que ha quedado segundo en unas elecciones generales prefiera seguir adelante con la fractura y su aritmética antes que dejar que la gente hable.
3.Por último, la falacia de que hay una mitad del país entregada a la ultraderecha incapaz de comprender el enfoque progresista. Por el contrario, la ultraderecha seguirá creciendo si Sánchez sigue en el poder, ambas partes se retroalimentan. En cambio, la gente que está indignada con las últimas disposiciones cubre un abanico amplio de posicionamientos ideológicos, y ahora también está avalada por pronunciamientos de asociaciones profesionales conscientes de su responsabilidad cívica y del roto que puede provocar en el país una ilimitada codicia personal. Solamente faltarían dos para completar el cuadro dos fracturas que a Sánchez, tan aficionado a crearlas y alimentarse de ellas, le resultarían carísimas e insoportables: una fractura en su propio partido y otra en ese frente sindical de los llamados 'sindicatos mayoritarios' que definitivamente animaría a salir a la calle a una buena parte de trabajadores españoles cada vez más conscientes que el sanchismo está lejos de representar una opción progresista.