La industria textil necesita 10.000 hectáreas de lino

Jaime Sánchez Cuéllar
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El centro tecnológico Itagra de Palencia estudia la viabilidad de recuperar este cultivo, que tendría una rentabilidad similar a una cebada para el agricultor

La industria textil necesita 10.000 hectáreas de lino - Foto: Imagen de Freepik

El lino es un cultivo histórico en la península que prácticamente desapareció a mediados de los años 50 del siglo pasado a la vez que se imponía el algodón. A finales de los 90 se recuperó, pero esta herbácea se vio envuelta en una importante polémica por el supuesto cobro indebido de ayudas de la Unión Europea (aunque el Supremo absolvió en 2008 a los 18 acusados). Ahora el Centro Tecnológico Itagra de Palencia ha estudiado las posibilidades que tiene el lino para reintroducirlo en la rotación de cultivos dentro de un proyecto del programa Cetr@Tec del Instituto para la Competitividad Empresarial (ICE).

El estudio revela que harían falta 10.000 hectáreas de lino en Castilla y León solo para cubrir las necesidades de importación que realiza ahora mismo la industria textil, que es uno de los aprovechamientos de este cultivo que también se utiliza en la industria del papel y del plástico, o para consumo humano a partir de aceite, semillas, leche o en cosmética. 

Raquel Herrero, técnico de I+D+i en Itagra, explica que han evaluado los condicionantes del cultivo desde su implantación en campo hasta su primer procesado «para ver la rentabilidad que podría tener la transformación del lino. A nivel agronómico vemos que encaja perfectamente, pero el agricultor necesita comercializar ese lino que produce y para ello hace falta al menos un primer procesado». 

Como el cultivo desapareció, el primer reto ha sido conseguir las semillas de lino, que finalmente se han traído de Francia y Bélgica. Se han probado variedades como Aramis, Bolchoi, Damara, Elixir, Exquise y Volga, se ha comprobado su rendimiento, resistencia a plagas y enfermedades y, de cada una de ellas, se ha caracterizado la calidad de la fibra o del aceite para su uso en la industria textil o alimentaria. Agronómicamente en este estudio se han utilizado variedades de primavera, aunque también existen de invierno, todas ellas en manejo de secano. Es un cultivo mejorante tanto en la estructura como en la fertilidad del suelo. De hecho, están pendientes de los resultados de los análisis porque en el campo de ensayo ya vieron en el cereal del siguiente año una mejora en la nascencia. «Lo hemos comparado con una rotación tradicional aquí con cultivos como pueden ser cebada, trigo, un forraje, alfalfa, girasol. Y metimos el lino, y en cuanto a costes y demás, encaja perfectamente. La rentabilidad podría asemejarse a la de una cebada», explica Herrero.

Trabajo en campo.

El trabajo en campo es igual al de un cereal, por lo que el agricultor no necesita incorporar maquinaria nueva. «Se siega igual que un forraje, aunque se recomienda arrancar el lino para que la fibra sea más larga y se pueda aprovechar mejor. Pero a efectos industriales, con una siega y un empacado como se hace con un forraje normalmente es perfecto para su uso en la industria textil. El lino oleaginoso lo trabajaríamos como una pipa de girasol por lo que habría que cosechar el grano», detalla. 

Aunque el cultivo funciona en la región, Raquel Herrero detalla que el problema se sitúa en hacer ese primer procesado para su uso textil o incluso no textil para aislantes o recubrimientos. El Centro Tecnológico Itagra ha hecho un primer estudio de viabilidad económica de ese procesado inicial de decorticación y afinado para no tejido. «En España -asegura Herrero- no existe ninguna industria para este primer procesado. Luego, a partir del afinado, ya sí, hay industrias que producen el hilo y la siguiente industria se encarga del tejido. Pero la primera transformación no existe, ahora mismo se importa todo». 

Por su parte, el lino oleaginoso también tiene su interés para la extracción de leche o aceite o para el consumo directo de la semilla, que ahora es una de las tendencias. «Suponemos que parte de la industria que ahora procesa otras semillas para la extracción de aceite podría, con algún tipo de adaptación, aprovechar el grano del lino, pero nos hemos querido centrar en algo que no existe como es el uso textil para conocer la rentabilidad desde la base», explica.