Ángel Monterrubio

Tente Nublao

Ángel Monterrubio


El Greco y el retablo de Talavera la Vieja (y II)

07/02/2024

Según la escritura que descubre Verardo García Rey en 1924, El Greco se comprometía, en principio, a realizar un retablo en el que debía figurar la Coronación de la Virgen en una gloria «con san Juan Bautista,  e santo Domingo, el rosario, san Antonio, e san Sebastián, e los demás santos que bien le parescieren al dicho Doménico, e en el baxo de dicho retablo, e al lado derecho ha de llevar la imagen de san Pedro de bulto, e al lado siniestro á de llevar de bulto la imagen de san Andrés, e en medio la imagen de Nuestra Señora del Rosario». En la misma escritura leemos, también, cómo El Greco se arrepiente de haberse comprometido a realizar las tres esculturas «en cuyo arte no era tan diestro como en el de la pintura».
Una vez que el capitán García Rey desentraña el nexo entre el pintor y el cura de Talavera la Vieja y la posible razón por la que acepta El Greco el encargo del retablo, escribe al cura del pueblo para saber si el retablo aún existe. Cuando recibe la respuesta afirmativa se desplaza a la localidad cacereña para verlo.  
Allí se encuentra un retablo de dos cuerpos, rematado con un frontón triangular. En el cuerpo alto aparecen los cuadros de la Presentación de Jesús en el Templo y la Visitación y en el centro la Coronación de Nuestra Señora. En el cuerpo bajo, a la derecha, una pintura que representa a san Pedro y a la izquierda otra de san Andrés. En el centro, en una hornacina, ve una imagen de una Virgen tallada de madera de pino, dorada y estofada «a la manera clásica».
García Rey comprueba que dos de los lienzos están bastante deteriorados, pero que los otros tres se mantienen en buen estado. Considera que el retablo en su conjunto tiene la técnica inconfundible del Greco y que las pinturas pertenecen a la segunda época del pintor. Para rematar la faena, García Rey se encierra en el archivo de la Iglesia para buscar evidencias escritas. En él encuentra un viejo libro de cuentas en el que consta que se pagaron al Greco 300 ducados por el coste de la obra, el pago a un vecino del pueblo encargado de ir a buscar el retablo a Toledo con un carro, más los maravedíes de barcaje y portaje de ese carro que llevó el retablo de El Greco de Toledo a Talavera la Vieja.