Antonio Herraiz

DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Ojo por ojo

26/04/2024

José Manuel Lomas no es un asesino y Nelson David Ramírez era un delincuente con numerosos antecedentes policiales. Lomas no habría matado a Ramírez si no hubiera entrado a su casa a robar. Durante el juicio, quedó probado que el librero de Ciudad Real fue el autor de los disparos mortales y que el ladrón hondureño no iba provisto de arma alguna. Llevaba una motosierra que pretendía robar -junto a otras herramientas- a Pepe Lomas. El anciano no disparó ni al aire ni a los pies. Los impactos de su escopeta de caza fueron directos contra el pecho del intruso. El veredicto del jurado popular le consideró culpable y la sección segunda de la Audiencia de Ciudad Real ha condenado a Pepe a seis años de prisión y a pagar una indemnización total a la familia de la víctima de 153.000 euros. Considera a José Lomas autor de un delito de homicidio con dolo y, para definir la condena, recoge la eximente incompleta de alteración psíquica y la atenuante simple de confesión.
La sentencia y los hechos probados en los que se sustancia no aplacan el debate abierto sobre la legítima defensa y la proporcionalidad en la respuesta. Entre otras cuestiones, porque no tienen en cuenta ni el ambiente de tensión del momento ni los antecedentes, sino las consecuencias: Pepe mató a Nelson. En cambio, en la calle, una parte importante de los que se han interesado por el caso, tratan de justificar e incluso argumentar la respuesta del librero. ¿Qué es lo que tenía que haber hecho? ¿Debía haberse quedado en la habitación consciente de que habían entrado a robar a su finca y que no era la primera vez? ¿Se le puede exigir proporcionalidad a un hombre casi octogenario al que han invadido su propiedad, su casa, para robarle? Y esas reflexiones que critican la condena se detienen en el estado de ansiedad de un hombre que tenía 77 años cuando ocurrieron los hechos. A Pepe le habían intentado ya robar en varias ocasiones sin encontrar -asegura- respuesta policial. Se enfrentó a una situación de estrés agudo que no le permitía racionalizar su conducta. Eso le impidió quedarse dentro de casa y llamar a la policía, aunque el propio condenado reconociera durante el juicio que no lo hizo porque había perdido la confianza en las fuerzas del orden. «Prefiero morir defendiendo mi casa antes que salir huyendo», clamó durante el juicio.
La sentencia va a ser recurrida al Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha por la defensa de Pepe Lomas. Si hace falta, acudirán al Supremo para evitar su ingreso en prisión y, teniendo en cuenta que su defendido acaba de cumplir los 81 años, pedirán que se contemple su avanzada edad y su deterioro tanto físico como psíquico. También está la opción del indulto como uno de los últimos recursos. 
Evidentemente, cuando se mata a una persona la conclusión es que no ha actuado bien. De ahí el castigo de la justicia, incluidos los atenuantes que ha aplicado en la sentencia. Aunque indigne el caso, por tratarse de un octogenario que salió a defender su casa. Otra cuestión ya distinta es que se empiecen a mezclar conceptos y a establecer comparaciones con otros delincuentes indultados o amnistiados en un futuro. Ante esto sale perdiendo cualquiera porque vulnera todos los principios de igualdad ante la justicia.  Pero una cuestión es intentar entender una actitud, por el contexto, por la situación, por los antecedentes, por lo que sea, y otra bien diferente asumir que la ley es la ley. Al legislador habrá que pedirle que endurezca el castigo para aquellos delincuentes multirreincidentes, que tenga en cuenta -si es preciso- los condicionantes extremos ante situaciones de riesgo, pero no podemos pedir a la justicia que no aplique el código que tiene entre manos. De ser así, lo del ojo por ojo y diente por diente terminará en la ley del más fuerte -o la del más armado- que, en algún momento, terminará acabando con cualquiera de nosotros.