El 'Quién es quién' del atípico Barcience

J.Moreno
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El pueblo con más crecimiento de habitantes en los últimos 25 años encara el problema de la identidad. Sin tradiciones ni arraigo familiar, busca generar el sentimiento de pertenencia

El 'Quién es quién' del atípico Barcience - Foto: David Pérez

El león rampante grabado en la torre del homenaje del castillo de Barcience da poderío y empaque al pueblo. Solera, incluso. Pero, a sus pies, ha crecido trepidantemente un vecindario atípico. Sin arraigo. Sin tradiciones. Sin motes. Sin ese sentimiento de pertenencia que envidian las ciudades más concurridas. Por eso, el Ayuntamiento promueve una suerte de juego para derribar la desconfianza hacia el desconocido y crear comunidad.

Eva ha compartido que aterrizó «de casualidad» en el pueblo hace 19 años, en busca de un cambio de vida. Ahora promueve la creación de la agrupación de Protección Civil. La carencia de asociaciones revela esa falta de conexión entre vecinos; sólo conviven una de tiro con arco y la de padres del colegio público Santa María la Blanca.

El estirón desmesurado de población explica esta necesidad de identidad. En 1998, Barcience sumaba 113 empadronados, pero ahora supera el millar, con múltiples nacionalidades. En términos relativos, el incremento alcanza el 844 por ciento, el mayor de la provincia en estos 25 años.

El alcalde, Víctor López, refrenda el peso débil de los autóctonos. En su caso, este torrijeño se mudó hace 19 años y asumió la Alcaldía hace 9. No obstante, conocía de sobra el pueblo desde niño porque allí trabajaba su abuelo. «Todos hemos venido de fuera», enfatiza este trabajador de una empresa de residuos electrónicos de Yeles.

La concejal de Cultura y Educación, Laura Domínguez, procede de Toledo y se afincó en Barcience hace 11 años. Por entonces, el pueblo estaba abarrotado de viviendas a buen precio procedentes de embargos de bancos. Ahora, quedan pocas casas vacías.

Laura engendró la publicación de fichas personales para compartir con el vecindario, con aspectos como oficio, aficiones o aspiraciones. «Quiero que la gente no se sienta sola», apunta en un municipio con dos restaurantes, una tienda de ultramarinos y una farmacia.

La concejal hace fuerza para unir a los vecinos. Como la celebración de un festival de música previsto para mayo o la incorporación de poemas escritos en la calle. Un método más para crear el alma común de Barcience.

«Veníamos al principio los fines de semana, cogimos arraigo al pueblo y terminamos comprando una casa. Hoy por hoy, no dejaría el pueblo», se sincera en una ficha una vecina con pseudónimo en ese 'Quién es quién' del atípico Barcience.