Luis Francisco Peñalver

Tribuna Abierta

Luis Francisco Peñalver

Profesor e historiador


Honor y gloria al Padre Juan de Mariana en el IV Centenario de su muerte (1624-2024)

16/02/2024

«Hoy viernes 16 de febrero a las cinco de la tarde, ha sido el Señor servido de llevar a mejor vida al P. Juan de Mariana, de una calentura maligna que le acabó al nono; murió de 88 años». Era el año 1624, y con estas palabras escritas en Toledo, informaba el Padre Provincial Pedro de Buiza del fallecimiento del jesuita.
Hoy, otro 16 de febrero, en este caso de 2024, cuatrocientos años después, rememoramos su figura, la de uno de los intelectuales españoles más relevantes a lo largo de nuestra historia que destacó en diferentes áreas del conocimiento, ya fuera Filosofía, Economía, Teología, Historia o el campo de la política.
Para sus conciudadanos no puede pasar desapercibido tanto lo que representó en el ámbito intelectual que hemos comentado, como lo que sigue significando como hijo ilustre de la ciudad en la que pasó sus  primeros años de vida, más concretamente en el barrio de la Puerta de Cuartos. El propio Mariana, en el prólogo de su obra De rege et regis institutione, dejaba constancia de su lugar de nacimiento: «Es indudablemente Talavera digna de grandes elogios, tanto, que entre callar o extenderse poco en ellos creemos que, siéndoles deudores de la primera luz que vimos, nos conviene guardar silencio». «La primera luz que vimos», la de Talavera, aunque consta fue bautizado el día 2 de abril de 1536 en la cercana localidad de La Pueblanueva, circunstancia que se explica al ser fruto de una relación ilegítima en la que su padre fue el deán de la iglesia colegial de Talavera.
No cabe duda que Mariana estaba familiarizado con nuestra zona. En el mencionado libro nos describe el lugar cercano a Talavera, en la Sierra de San Vicente, denominado El Piélago. El lugar donde escribió al menos parte de la obra mencionada, narrándonos el ambiente placentero que le envolvía junto a su amigo Calderón: «Soplan vientos templadísimos, puros y libres de todo miasmo, brotan de todas partes frescas aguas y corren acá y acullá fuentes cristalinas; cosas todas por las que no sin motivo se dio al lugar el nombre de Piélago». También en su Historia General de España hizo alusión a la peculiar condición urbana de Talavera hablando de las diferentes murallas y cercas de nuestra ciudad.
Juan de Mariana fue un hombre crítico a su época, quedando reflejado en sus escritos. Fue llama de libertad en una Europa convulsionada por las guerras de religión. Trató de los males que aquejaban a la Iglesia y a la Compañía, en algún caso sus palabras le hicieron pasar por el Santo Oficio.
Es importante su teoría sobre el concepto de poder, teoría desarrollada por la Escuela de Salamanca, entre otros por Vitoria o Suárez. Para Juan de Mariana, si bien el poder viene de Dios, es la comunidad la que lo encomienda a su príncipe o soberano. La soberanía nacional  se delega en el rey, el cual debe hacer uso de su poder para el bien de sus súbditos, por lo que él mismo está delimitado, controlado por las instituciones, el rey no puede hacer lo que quiera. En todo caso, si el rey se convierte en tirano usurpando la libertad de sus súbditos, se justifica la resistencia, el derecho a la rebelión del pueblo, y en último caso el asesinato del tirano. 
Por esta teoría vertida en su De rege… se acusó al Padre Juan de Mariana de ser el inductor indirecto del asesinato del rey francés Enrique IV en 1610 por el fanático católico Ravaillac, siendo prohibida y quemada la obra en el atrio de la catedral de París.
Siguiendo en Francia, la profesora Florence Guthier, experta en la Revolución francesa, investigó sobre la procedencia de nombre de Marianne, denominación dada en el país galo a la República (recordamos la célebre Marianne, en el cuadro de Delacroix, La Libertad guiando al pueblo). Según su teoría procede del jesuita español, durante la época de la Revolución se utilizó a modo de insulto de los contrarrevolucionarios, con lo cual perduró como símbolo de la Revolución y de la libertad.
Mariana también escribió sobre temas económicos, denunciando la grave situación que vivía España en los inicios del siglo XVII. En su obra De mutatione monetae criticó la política monetaria de Felipe III, la devaluación del vellón que suponía una imposición fiscal encubierta, un desequilibrio entre el valor real y el legal de la moneda que derivaría en el alza de los precios, lo que hoy conocemos como inflación: «Vemos a los ministros salidos del polvo de la tierra en un momento cargados de millaradas de ducados de renta. ¿De dónde ha salido esto sino del sangre de los pobres?» (De mutatione…)
Teorías de Mariana que se siguen estudiando en universidades de todo el mundo, y que podemos actualizar en el presente a la vista de los desequilibrios que se vienen produciendo cada vez más acentuados en la economía mundial. Pero además, es referencia en la defensa del poder soberano en el pueblo, y que bien deberíamos recordar ante los desmanes autoritarios con los que ciertos gobernantes vienen actuando amparados en la voluntad popular, si bien una vez elegidos actúan como esos príncipes a los que se refería Juan de Mariana, tiranos a los que se justificaría el principio de resistencia: «Sepa, sin embargo el tirano que ha de temer a los que le temen, que puede muy bien encontrar su ruina en los mismos que les sirven como esclavos» (De rege…)
Juan de Mariana fue un personaje de Talavera de la Reina, un ilustre hijo de esta tierra, a la que sus paisanos rindieron homenaje en el siglo XIX erigiéndole un monumento inaugurado en 1888. Un movimiento colectivo, una intencionalidad de perpetuar su memoria, que ocupó gran parte de ese siglo y que podemos hoy ver materializado en la escultura que Eugenio Duque llevó a cabo con bronces fundidos en Barcelona, y que actualmente se alza sobre un pedestal de mármol frente a nuestro Ayuntamiento, en la que desde aquella fecha fue denominada Plaza Juan de Mariana. En los días de la inauguración la ciudad se llenó de gente, talaveranos e individuos procedentes de la comarca, pero también personalidades ilustres que llegaron en tren desde Madrid. Se llevaron a cabo arcos florales, poesías en honor a Mariana que se arrojaron al paso de los cortejos, veladas literarias, obras de teatro…, toda una ciudad actualizando con orgullo al jesuita.
El Ayuntamiento de entonces, mayoritariamente republicano federal, enarboló las ideas de Mariana para contraponerlo al gobierno de la monarquía borbónica restaurada y personificada en la reina regente Mª Cristina de Habsburgo. El monumento adquirió un significado simbólico para aquellos políticos republicanos talaveranos, en paralelismo a la Exposición Universal que se desarrollaba en Barcelona, en donde las escuadras europeas hacían gala de apoyo a la monarquía española.
En 1924, el teniente alcalde de entonces, García Verdugo, acordaba en la sesión del 4 de febrero conmemorar el tercer centenario de la muerte de Mariana. Un homenaje que se prolongó durante los meses posteriores. Al igual que había ocurrido en relación con el monumento durante el siglo XIX, se formó una comisión formada por concejales y personajes destacados del momento en la ciudad, entre otros figuraba el empresario ceramista Juan Ruiz de Luna. Se implicó a la Academia de Bellas Artes de Toledo, a la Diputación y Gobierno Civil de la provincia, a la Academia de la Historia de Madrid, al Ayuntamiento de Pueblanueva, a diferentes personalidades e instituciones que recordaba lo acontecido en los años ochenta con la inauguración del monumento. También se  publicaron artículos en referencia a los actos que iban desarrollándose, como la estudiantina organizada por el maestro Rubalcaba que recorrió las calles de la ciudad recaudando fondos a beneficio de la celebración del centenario. 
El 6 de mayo de 1924 fue el día fijado para el homenaje principal, algunos asistentes a esta nueva ceremonia recordarían sin duda aquella del 27 de mayo de 1888, la del acto de inauguración del monumento, encontrando cierto paralelismo entre las celebraciones de antaño y las de ahora: banda de música recorriendo las calles, balcones engalanados, celebración de una misa funeral, procesión cívica, el alcalde D. Eugenio del Cerro leyendo unas cuartillas subido en una silla delante del monumento, himno compuesto por el poeta Pedro Jiménez de Castro entonado por una coral con música del maestro Rubalcaba. No podía faltar un festival taurino con dos becerros en la charlotada protagonizada por 'Fatti Charlot, Chista y sus Botones', acompañada de la lidia de dos novillos a cargo del diestro Aurelio Alcolado. Actos completados con veladas literarias y visitas por parte de las autoridades a las fábricas de cerámica, el asilo de San Prudencio o la fundación Joaquina Santander.
En 1888 y 1924 los talaveranos se volcaron como colectivo, con el protagonismo de sus representantes locales, rememorando la figura de Mariana. Es nuestro personaje destacado en la historia nacional, pero además reconocido como intelectual de prestigio, aún hoy día, en el orbe académico mundial. 
2024, el año del cuarto centenario de su fallecimiento,  no puede pasar desapercibido en nuestra ciudad. Somos deudores de nuestros antepasados, protagonistas que cogemos el relevo de aquellos talaveranos que amando su tierra sintieron que Mariana es un personaje que está presente con carácter atemporal, un recuerdo vivo en nuestra ciudad, ya sea en el topónimo callejero, el nombre que designa al Instituto de enseñanza más antiguo de Talavera, u otras denominaciones que nos recuerdan su siempre presencia, y destacando sin duda, su efigie inmortal en la plaza con su nombre.
Mariana aparece en la bóveda del Congreso de los Diputados, junto a Colón, y otros tantos personajes destacados de la historia de España. Su efigie se representa en uno de los medallones que adornan la fachada principal de la Biblioteca Nacional de Madrid, también en cuadros en la Biblioteca de Castilla-La Mancha de Toledo, en las dependencias de nuestro Ayuntamiento… Pero sobre todo, Juan de Mariana es un personaje universal, orgullo para los que amamos Talavera y sus tierras anejas. No podemos defraudar a las generaciones pasadas, debemos transmitir el testigo a las del futuro, y ahora perpetuar su memoria como honestamente mejor podamos, acorde a las posibilidades de este tiempo.
Sus restos permanecen yacentes en la iglesia de San Ildefonso de Toledo.