Luis del Val

LA COLUMNA

Luis del Val

Periodista y escritor


¿Libertad... para qué?

15/09/2023

El próximo mes de octubre se cumplirán 103 años de la histórica entrevista entre el socialista Fernando de los Ríos y Lenin. Fue un viaje largo, primero a París, y, luego, trenes que le llevaron a Berlín, de allí a Tallín, de Tallín a Petrogrado y, por fin, Moscú. Entre ida y vuelta más de un mes.
El objetivo del viaje era obtener información para decidir si el PSOE ingresaba en la Tercera Internacional Comunista. Fue que no, pero 16 años más tarde, el PSOE que añora Pedro I, El Mentiroso, formó el Frente Popular con los comunistas, y llevó a cabo la trampa más mortífera para una democracia: el pucherazo en las elecciones de 1936, que ganó la derecha, pero llevó al poder al Frente Popular bajo la bandera de que el fin justifica los medios. ¿Principios, respeto a las reglas y dignidad... para qué?".
Fernando de los Ríos, que, además de socialista, era catedrático de Derecho Político, y no se le escapó la rigidez del comunismo en la población, y las severas medidas de vigilancia sobre esa población, le cuestionó a Lenín la sospecha de que no había mucha libertad, y Lenín, comprensivo, le respondió al catedrático, con ánimo pedagógico: "¿Libertad... para qué?". Y al intelectual socialista, la frívola síntesis fue definitiva en el argumento que propició que el PSOE renunciara a integrarse en la Tercera Internacional.
Debe ser maravilloso ser un maniqueo, que está en posesión de la razón, convencido de que todo lo que hacen los buenos está permitido, y cualquier iniciativa de los "malos" debería estar prohibida. Sólo, desde esa desmesuran irracional, es comprensible que las actividades que cualquier sindicato, comunidad de vecinos, o concejalía municipal -siempre que sea "progresista", o sea, de izquierdas- vienen haciendo una semana sí y, otra también -sobre todo con gobiernos conservadores de derecha- se convierta en una escandalera, que asombra y deja estupefactos a los "buenos" por la sencilla razón de aprovechar la derecha, ladinamente, malévolamente, la libertad que sólo debería estar al alcance de la izquierda, progresista, por supuesto. Una cosa es proteger el derecho del okupa, y, otra, terrible, que la derecha se manifieste. Tras la aprobación de la amnistía para los delincuentes secesionistas, habrá que aprobar una Ley de Defensa del Votante de Izquierda para que se prohíba, a todo ciudadano que no sea progresista, el atentado contra la convivencia de manifestarse.