Carlos Rodrigo

Entre columnas

Carlos Rodrigo


Paso de CIBRA

06/11/2023

Festival del cine y de la palabra. 15 ediciones ya. Cada vez que se celebra el CIBRA se me vienen a la mente irremediablemente dos imágenes. 
El inicio de la película 'Ordet' de Dreyer: 'La Palabra', adaptación del drama teatral homónimo de Kaj Munk, con esas nubes que pasan y ese cielo nórdico otoñal, ventoso y desasosegante solo interrumpido por la imagen de una gaviota graznando, pórtico de la fatídica Historia de los Borg. 
En el principio era la Palabra, y la Palabra era Dios y la Palabra se hizo carne. La palabra surgió antes del graznido de la gaviota y mucho antes de la existencia de la alegría y del dolor. Y la Palabra llegó como el viento del mar. La historia de los pensamientos que tenían y las tierras que cultivaban. La historia del milagro de la flor que nadie puede entender ni explicar.
La otra imagen es la del famoso paso de cebra de Abbey Road con, en vez de los Beatles, Gabriel Castaño silbando Feo, fuerte y formal y Nerea Tello alborotándose el pelo (dos de las principales almas artífices del festival) dibujados por Matt Groening. Ambos abren y cierran el desfile como si fuera un capítulo de los Simpson. No logro identificar a los otros dos beatles. Habrá que preguntarles a ellos
No le busco explicación ni a esas imágenes ni a esas palabras; ni lo pretendo, porque con lo aprehensivo que soy seguro que algún psiquiatra me diría algo poco alentador.
Simplemente me evado, encadeno, deleito, sufro, sonrío, fantaseo y me dejo llevar indefectiblemente por ellas hacia donde su sol y su tormenta me lleven.
Este año será por una sucesión de cortos; el recuerdo de Carlos Pumares; la fascinación por la dama doliente de Lola Herrera; la penúltima vuelta de tuerca de Woody Allen; mi rendición incondicional ante el maestro de maestros de Víctor Erice; alguna visita clandestina a la casa de la Cultura de la Puebla de Montalbán al encuentro de un cuadro o foto inspiradora; la curiosidad que me suscita ver hecho cine el teatro de Juan Mayorga a través de la insobornable Blanca Portillo; oír a Javier Cercas disertar sobre héroes imposibles e instantes diseccionados…
El cine es palabra en movimiento, y con las palabras todos hacemos cine. A fin de cuentas, cada vez que leemos o alguien nos cuenta algo, cada cual nos montamos nuestra propia película: de terror, humor, maestra o de serie Z, según momento y ánimo en el que nos pille. Lo único cierto es que ambas son cosas que nos mueven y nos conmueven; y eso lo es todo.
Disfruten del privilegio de poder escuchar y sacar sus propias conclusiones sin que nadie se las dicte ni se las imponga. Simplemente se trata de leer o ver una película. Que su visión y su lectura nos recorra; fluya entre nosotros para dejar algún sedimento, de mero entretenimiento o de poso de reflexión más o menos sesuda.  La experiencia no tiene precio, pero sí mucho valor.