Ángel Monterrubio

Tente Nublao

Ángel Monterrubio


Cagancho en San Martín de Montalbán

04/10/2023

Joaquín Rodríguez Ortega, Cagancho, matador de toros sevillano, fue una de esas figuras del toreo capaz de ejecutar las faenas más espectaculares y, a la vez, dar unas espantadas vergonzosas. La más sonada fue la de Almagro el 25 de agosto de 1927, que dio lugar a la frase: 'Quedar como Cagancho en Almagro'.  Es considerada como la bronca más grave ocurrida en una plaza de toros en España por los disturbios que provocó. Esa historia ya la contamos en este rincón.
Unos meses antes de ese episodio, protagonizó otra en San Martín de Montalbán, menos conocida y penosa, que rescato gracias a la crónica que para ABC hizo nada menos que Rafael Sánchez-Guerra, el periodista, escritor y político español, personaje interesantísimo, y poco estudiado, del que ando leyendo sus cosas.
El autor de 'Mis prisiones', se desplazó en coche hasta San Martín el domingo 3 de abril de 1927, conocía y quería bien el pueblo, aficionado a la caza, cazaba a rabo con mucha frecuencia en su término. Habían organizado una corrida de novillos y tiraron la casa por la ventana, montaron una plaza de madera, contrataron a Joaquín Rodríguez Ortega, Cagancho, a Rafael Vega de los Reyes, Gitanillo -grandes figuras del toreo en aquel momento- y al prometedor novillero toledano Florentino Peces, Avellano, para que lidiaran tres novillos del duque de Veragua. El evento levantó mucha expectación y se desplazaron aficionados de toda la comarca, de Toledo y de Talavera. Lleno hasta la bandera.
El festejo lo definió Sánchez-Guerra como «superrealista». Los novillos del duque de Veragua en realidad eran becerros por su tamaño y había cobrado por cada uno 1.500 pesetas, cifra a todas luces excesiva, casi el doble de lo que podían valer. A lo que hubo que sumar que eran mansos de remate y embistieron poco y mal.
Lo verdaderamente escandaloso fue que Cagancho, desde que salió al ruedo, mostró un miedo cerval, trapeó descompuesto al becerro de mala manera, no dio ni un solo lance en condiciones y en ningún momento disimuló su terror y mató «echándose fuera» después de varios intentos tanto con la espada como con el descabello. Lo grave del asunto es que contagió el pánico a Gitanillo y Avellano, que también estuvieron fatal, con unos becerros que como dice Sánchez-Guerra eran inofensivos y todo lo más que podían darle era un revolcón sin consecuencias. La escandalera y la decepción del público fue de órdago a la grande. Remata Rafael Sánchez-Guerra su crónica: «Cagancho, que con la capa es el artista más grande que hemos visto, estuvo el domingo deplorable en San Martín».