Arcicóllar en el año 1576

José García Cano*
-

En las 'Relaciones Topográficas' de Felipe II consta que en ese año los habitantes de Arcicóllar eran aproximadamente cuatrocientos y que localidad no ostentaban el título de villa, si no el de lugar y la jurisdicción correspondía al Arzobispado

Toledanos implorando ayuda ante una terrible plaga aparcen en el cuadro de ‘San Agustín conjurando una plaga de langosta’, de Miguel Jacinto Meléndez. - Foto: Museo del Prado

De nuevo las Relaciones de Felipe II nos sirven para desentrañar la historia y los avatares de las localidades de la provincia de Toledo allá por el siglo XVI, ya que esta semana (concretamente el día 12) se cumplen los cuatrocientos cuarenta y ocho años de la contestación que remitió el Ayuntamiento de Arcicóllar al corregidor de Toledo, don Juan Gutiérrez Tello, a las respuestas que había remitido a todos los alcaldes de su jurisdicción. Las citadas respuestas fueron realizadas en presencia de Alonso de Cuéllar, escribano público de Camarena, así como de don Luis Portillo, alcalde ordinario y de Juan Alcocer y Juan Afan, vecinos de la localidad, los cuales, por su edad, fueron elegidos para responder al interrogatorio. A la primera pregunta sobre el nombre de la localidad, respondieron los ancianos que habían oído decir que se llamó en el pasado la villa de Argolla, pero no saben porqué se le llamaba en esos momentos Arcicóllar ni cuando se le había cambiado el nombre. En 1576 los habitantes de Arcicóllar eran aproximadamente cuatrocientos y se indica que no ostentaban el título de villa, si no el de lugar y la jurisdicción correspondía al arzobispado de Toledo, de la que distaba cuatro leguas (unos 30 kilómetros). Algunos de los cargos municipales como alcaldes y regidores, alguacil y escribano, eran elegidos por la ciudad de Toledo, y el alcalde de la Hermandad y cuadrillero eran nombrados por el municipio. En cuanto a los pueblos limítrofes con el término de Arcicóllar, se citaban Recas -hacia el este-, Bargas -al sur-, Fuensalida -al oeste- y Camarena -al norte-.

En cuanto a los productos que daba la tierra, se destaca la leña, especialmente de retama, almendro y encina, y sobre la caza, no era especialmente una tierra con muchos animales, destacando solamente las liebres y los conejos que se prodigaban en un sotillo y aunque no había «animales ni bestias fieras», sí había algunos lobos y zorras. Por el término municipal corrían el río Guadarrama, el Tajo y el Alberche, donde se pescaban algunos peces, como los barbos. En Arcicóllar contaban con un arroyo que pasaba por en medio del lugar, el cual nacía a 'un tiro de ballesta' a la parte de poniente. Una buena parte de la economía local de aquel siglo XVI, eran las tierras de labranza 'de pan y vino', así como la cría de cabezas de ganado, sobre todo ovejas y vacas, aunque en poca cantidad.

Sobre edificios o casas notables que había en Arcicóllar, se informa que existían unas casas principales que fueron de don Lorenzo Siliceo y de su mujer doña Francisca Carvajal, ya difuntos por aquellas fechas. Había otras casas reseñables que habían pertenecido a Hernando de Ayala y otras a Pedro de Villaseca y unos solares que fueron de don Juan Gaytán. También existió una casa dedicada a hospital, la cual había destinado un vecino para este fin, la cual no tenía renga alguna y se mantenía de la limosna de la 'buena gente'. Otro edificio a destacar era la única iglesia parroquial, con la advocación de Nuestra Señora de la Encarnación, en la que solamente había una capilla de enterramiento que había fundado años atrás don Pedro de Villaseca, el cual dotó a la iglesia con dos mil maravedís al año para fundar la citada capilla. También existía una ermita dedicada a San Blas (protector de la garganta) en la parte exterior de la población. La fiesta de la Santa Cruz de mayo era celebrada por los vecinos y ese día realizaban procesión a Camarenilla, al igual que el día de San Benito la población marchaba en procesión a Bujarabajo, dehesa que pertenecía al término de Arcicóllar. En cuanto a cofradías se cita la de San Sebastián, formada por vecinos particulares, los cuales ayunaban en vigilia y guardaban el día de la fiesta del santo, celebrándose igualmente la fiesta de la Visitación de Nuestra Señora, que también había sido votada por el pueblo por causa de la pestilencia. Otro santo sobre el que tenía hecho voto la localidad de Arcicóllar era San Agustín, al cual se le prometió la fiesta debido a la protección que éste ofrecía a los campos contra el pulgón. Es muy interesante comprobar como cíclicamente en nuestra historia determinadas plagas han diezmado los campos de los pueblos y ciudades y Toledo no es una excepción, ya que las plagas de langosta y pulgón fueron muy habituales hace siglos en esta tierra, considerándose en determinadas ocasiones como un signo de castigo divino al pueblo y a sus habitantes. Recordemos el pasaje bíblico de Joel: «Contádselo a vuestros hijos, y vuestros hijos a sus hijos, y sus hijos a la otra generación. Lo que dejó la oruga lo devoró la langosta, lo que dejó la langosta lo devoró el pulgón, lo que dejó el pulgón, lo devoró el saltón»… (Jl. 1, 4).

Precisamente debido a una plaga de langosta sucedida en Toledo en 1268, tuvo lugar la milagrosa aparición de San Agustín a los vecinos de Toledo, que habían salido en procesión por el río Tajo para pedir la intercesión de este santo para acabar con la langosta (no fue la última vez que este santo visitó Toledo, ya que en 1323 volvería a la ciudad imperial a enterrar a don Gonzalo Ruiz de Toledo). Históricamente han sido dos los santos a los que se les ha pedido ayuda contra estas plagas: San Agustín y San Gregorio Ostiense, este último también visitaría tierras de La Mancha allá por 1755, debido a otra plaga que asoló la mitad peninsular en aquellos momentos, si bien esa visita fue un tanto particular, ya que solamente se trajo custodiado el cráneo de San Gregorio, el cual fue recorriendo diversas provincias asoladas por este maldecido insecto, con la intención de acabar con la plaga.

*José García Cano es académico correspondiente en Consuegra de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.