"Nos enseñan algo y, a lo mejor, eso no es la verdad"

Juana samanes
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PERCEPTIVA. Su probada experiencia le hace entender perfectamente a los directores con los que trabaja, así como también los personajes que interpreta

La actriz Adriana Ozores - Foto: Claudia González

Adriana Ozores es una de las actrices españolas con mayor talento interpretativo, algo que lleva demostrando desde finales de los años 70 en cine, teatro y televisión. Perteneciente a una famosa familia de artistas, su buen trabajo ha sido premiado en decenas de ocasiones, la última en el reciente Festival de Málaga, donde ha obtenido el Premio a la Mejor Actriz secundaria por su papel en Los pequeños amores, de la directora Celia Rico. 

El argumento de la película parece un fragmento de la realidad describiendo una relación no idílica entre una madre y su hija. Este es el asunto que más me ha llamado la atención pero no sé si a usted le han agradado otros.

Creo que a veces pensamos que lo idílico está en la mucha comunicación, en los abrazos continuos, en decir decenas de veces te quiero. Y eso no es así, la relación que tienen Ani y Teresa es más auténticamente profunda. Para mí, es uno de los estereotipos con los que rompe Celia Rico, la directora en esta película. Estamos en una sociedad donde todo tienes que hablarlo y algo te está pasando si no lloras o ríes mucho. Pero las relaciones pueden ser de muchas maneras; desde el silencio, desde una mirada furtiva… 

Quizás, por lo que dice, Los pequeños amores se presta mucho al diálogo posterior de los espectadores.

A los espectadores les pasa algo gracias a esa participación creativa de la película, porque te da espacio para ello. Por cómo filma Celia los silencios y esa relación maternofilial, el espectador es partícipe de lo que ocurre. Celia trata al espectador como adulto, es decir, de igual a igual. 

Madre e hija son dos mujeres independientes, pero la película deja claro que cuando envejecemos alguien tiene que hacerse cargo de los mayores. Eso da la impresión que a la hija le preocupa mucho.

Cada uno de nosotros pensamos que nuestra vejez va a ser de una manera, pero esa forma está en el imaginario. No sabemos lo que nos va a pasar, no sabemos si va a ser una desgracia o el encuentro con nuestros hijos o con la gente querida pero, de entrada, lo consideramos una desgracia.

Es que, salvo excepciones, ningún padre quiere en su vejez molestar a sus hijos.

No queremos molestar, pero hay mucho de lo que hemos imaginado. Lo chulo del personaje que interpreto es que vive el presente frente a su hija, Teresa, que vive en el pasado y en el futuro, por eso está llena de preocupaciones. 

Este drama materno filial reposa en el trabajo de usted y de María Vázquez. ¿Ha sido complicado?

En absoluto, en mi caso y en el de María llevábamos mucho tiempo trabajando con Celia, esa ha sido nuestra herramienta para entrar en el alma de esta directora y entender lo que quiere contar. En el momento en que entramos en ese universo notamos que estábamos en una propuesta muy rigurosa.