La transición 'verde' es imparable

Agencias
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Los expertos insisten en la importancia de seguir invirtiendo en materia de renovables, con el objetivo último de impulsar la economía española y convertir el país en un referente europeo

Se estrecha el cerco sobre las compañías en la UE. - Foto: EFE

El interés económico y los objetivos verdes establecidos por la Unión Europea son un claro indicador de que la transición ecológica es imparable, fuera y dentro de nuestras fronteras. Sin embargo, la inminente celebración de elecciones y la posibilidad de un cambio de Gobierno ha reabierto el debate entre las principales asociaciones de renovables en España.

La apuesta del país por estas tecnologías sostenibles es clara para mantener la demanda energética y, especialmente, para hacer la transición que tiene planificada Bruselas hasta 2035, con un plan energético eficiente y renovable.

La mayoría de las empresas tiene proyectos de descarbonización y la UE insiste a todos los estados, incluido España, en que debe potenciar estos sistemas ecológicos que colocan a la fotovoltaica y la eólica en un lugar preferente. No obstante, sigue sobre la mesa el debate de cuestiones como alargar la producción de energía nuclear en un momento donde para la UE es considerada como una fuente verde, ante los problemas de suministro de gas que surgieron a raíz de la invasión de Rusia en Ucrania.

«La energía fotovoltaica representa una enorme oportunidad económica para España, le da una gran ventaja competitiva respecto a otros países, sobre todo del norte de Europa. Cualquier política que se establezca de cara al futuro seguirá apoyándola para poder exprimir esa ventaja», afirma el director general de la Unión Española Fotovoltaica, José Donoso. De hecho, producir un kilovatio hora fotovoltaico en España cuesta la mitad que en Europa.

En cuanto al futuro de la energía atómica, señala que, más allá de ideologías, cualquier «político diligente» debe optimizar el funcionamiento de un país, a lo que añade que está por ver si la nuclear y el gas pueden competir en una economía de mercado con las renovables. «Mantener las nucleares más allá de 2035 es una factura que hay que ver si el Gobierno está dispuesto a pagar», añade Donoso, quien se muestra más preocupado por la apuesta por los combustibles sintéticos, pues sería dar «un paso atrás».

La electrificación «es la única forma de descarbonizar nuestro consumo» y hay que apostar por el almacenamiento y sistemas de gestión de la demanda, como el vehículo eléctrico, aspectos que son lo que va más retrasado en la transición.

Cuestiones estancadas

Para el director general de la Asociación Empresarial Eólica, Juan Virgilio Márquez, independientemente de que la política de un país pueda ser más o menos verde, hay una inercia estructural en Europa que hace difícil frenar la transición porque hay muchas «decisiones tomadas».

Lo que preocupa, subraya, es que hay cuestiones técnicas que se han quedado a medias por los sucesivos procesos electorales. 

Respecto a la nuclear, señala que es un tema cuyo futuro compete al Parlamento Europeo y que el ritmo de despliegue renovable está planificado para sustituir a la energía atómica. Ese relevo también está pensado para dar cobertura al coche eléctrico, cuyo desarrollo se pone en riesgo después de que Alemania haya logrado que Europa abra la puerta a los combustibles sintéticos. Si este tipo de vehículo no penetra a la velocidad adecuada y la demanda no sube, no habrá a quien vender la electricidad y esto sí supone un peligro para la transición, avisa.

Otros aspectos que no pueden quedarse en el cajón son la ordenación del almacenamiento o reformar las subastas de renovables para que no se adjudiquen al más barato, sino al que más aporta en términos de territorio, industria y medio ambiente.