Lo que nos espera

Pilar Cernuda
-

El año nuevo llega plagado de interrogantes políticos y de toda clase de especulaciones sobre qué depara 2024 a todos y cada uno de los personajes del panorama actual que han sido también protagonistas del ejercicio que ahora se cierra

Lo que nos espera - Foto: EFE/ Juan Carlos Hidalgo

Solo una certeza: Nadia Calviño asumirá la presidencia del Banco Europeo de Inversiones el 1 de enero, desaparece así la colaboradora de Pedro Sánchez que más decidía -o ha decidido- sobre el bienestar de los españoles, pues la economía marca su impronta en todos los planos, y se puede asegurar sin temor a equivocarse que Calviño sintió un profundo alivio al verse respaldada por los dirigentes para presidir tan importante cargo. Deja la deuda y el déficit disparado, pero otros llegarán que buena la harán. Seguro. Las perspectivas de futuro no son precisamente buenas. A ello tendrá que dedicarse a fondo el nuevo ministro Carlos Cuerpo. 

Tampoco son buenas las perspectivas de futuro de las dos guerras que acongojan al mundo, que se prolongan mucho más allá de lo previsto y que, tanto la de Gaza como la de Ucrania, influyen en el porvenir de Europa, también en la estrategia y decisiones de la OTAN y, por tanto, marcan también la política de Defensa y la Exterior de España. 

Con una evidencia que empieza a ser preocupante: las diferencias políticas que se viven en el seno del Gobierno nacional respecto a estos dos asuntos extremadamente delicados obligan a tomar decisiones que no son fáciles y minan las cada vez más deterioradas relaciones de Pedro Sánchez con Sumar y su líder, Yolanda Díaz. También afectan a las relaciones de Sánchez con varios de sus socios, por las discrepancias que provocan estos dos escenarios bélicos en los que el presidente del Gobierno se ve obligado a apaciguar a los jefes de los partidos con los que ha logrado la mayoría parlamentaria que le permite mantenerse en la Moncloa. El problema para el socialista es que además de su necesidad de serenar a los socios, debe aceptar las políticas de la UE y la OTAN, que no siempre coinciden con las que defienden los partidos que apoyan al sanchismo.

En la UE ya han expresado sorpresa por la posición de Sánchez respecto a Gaza, pero más allá de la política exterior de España lo que más preocupa a Bruselas a futuro es la tensión que se vive con los jueces por la cesión a las exigencias de sus socios independentistas respecto al lowfare. 

Los magistrados se han negado a ese tipo de comparecencias, que consideran impropias de un país democrático, y la UE les ha dado la razón. Además Bruselas lleva tiempo exigiendo la renovación del CGPJ, que finalmente se producirá ya en  2024 gracias al acuerdo alcanzado días atrás entre Sánchez y Feijóo, con la propuesta de Feijóo de que un cargo de la UE supervise las negociaciones que faciliten la renovación de tan importante institución después de cinco años en funciones. La Justicia, su aplicación, el respeto a su independencia, y el rechazo a aceptar el lawfare que han impuesto los independentistas, serán prioritarios en el año que ahora comienza.

Tres elecciones claves

Año con tres importantes elecciones en el primer semestre: el 18 de febrero se celebrarán las de Galicia, el 9 de junio las europeas y las vascas en una fecha aún sin confirmar, a la espera de que se pronuncie Íñigo Urkullu, que este año dejará de ser lendakari porque el presidente del PNV ha considerado que debía cambiar el candidato y no hay ninguna certeza de que puede seguir ocupando Ajuria Enea la persona elegida por Andoni Ortúzar.  La situación es muy tensa, porque a finales del 2023 Sánchez pactó con Bildu una moción de censura en el Ayuntamiento de Pamplona para que la capital navarra tuviera alcalde de Bildu, y no se sabe qué más pactó Sánchez con Arnaldo Otegui y Merche Aizpurúa, pero no se augura nada nuevo, porque desde el mismo momento que logró la alcaldía, los abertzales han dado muestras de que piensan actuar haciendo uso de su influyente posición.

Cuando se celebren las elecciones vascas se sabrá si el acuerdo con el PSOE incluía la Lendakaritza para Bildu con apoyo del PSE, arrebatándosela al PNV, o si será para el candidato del PSE con el apoyo de Bildu. Tiemblan en la sede del PNV pensando en cualquiera de las dos posibilidades. Veremos cómo se desarrollan las relaciones entre el PNV y el Gobierno central, pero de momento se han advertido tímidos acercamientos del partido vasco al PP. Una vuelta a los orígenes. El PNV habitualmente ha apoyado al PP, hasta que llegó Pedro Sánchez con la moción de censura que dejó sin poder a Mariano Rajoy.

En Galicia se ve ya un todos contra el PP, contra Alfonso Rueda. Para Sánchez es fundamental conseguir un buen resultado en esa región, feudo del PP desde hace casi 15 años, pero en el que el BNG consiguió más votos que el PSOE en las últimas elecciones, uno de los grandes fracasos de Sánchez. Necesita como el comer recuperar fuerza frente al BNG, aunque su objetivo es que su candidato, José Ramón Gómez Besteiro, se convierta en nuevo presidente de la Xunta. Para ello es indispensable no solo que el socialismo gallego gane en votos al BNG, sino que Rueda no logre la absoluta.

Amenazas o cesiones

También las europeas suponen un dolor de cabeza para Sánchez, pues la izquierda va dividida, Podemos con lista propia encabezada por Irene Montero y, al tratarse de elecciones con circunscripción única, le sería fácil conseguir escaño. Un problema serio para Díaz, que sumaría a su incapacidad para impedir la escisión de los morados, que ha abandonado Sumar, ver en el Parlamento Europeo a quien fue una de sus mejores avales en política, y mejor amiga, y a la que vetó como candidata en las listas de Sumar y a mantenerse como ministra. El prestigio de Díaz podría quedar gravemente dañado.

En el 2024 se decidirán cuestiones que han provocado el mayor debate político de la España democrática: la amnistía para los condenados por el independentismo catalán que se rebelaron el 1-0, y la decisión del TC sobre la constitucionalidad de una ley que ha impulsado Sánchez por exigencia de los independentistas catalanes, fundamentalmente de Puigdemont, que la pusieron como condición para apoyar la investidura de Sánchez y votarle a lo largo de la legislatura.

La situación se envenena cada día que pasa, incluso han aparecido reticencias en Bruselas, con el Parlamento Europeo desagradablemente sorprendido porque lleva cuatro años recibiendo presiones de España para que levantaran la inmunidad a Puigdemont y fuera juzgado en España.

En los próximos meses tendría que celebrarse en Suiza un encuentro entre el prófugo y el presidente español, o al menos así se ha anunciado. Pero no es lo único que exige el secesionista: también quiere que Sánchez ponga fecha a la celebración de un referéndum de independencia. Que sí sería claramente inconstitucional porque así lo recoge el Alto Tribunal. 

El líder del Ejecutivo asegura que finalizará la legislatura, pero cada día que pasa se hace más evidente que ese propósito depende en buena parte de qué ocurra en las tres elecciones mencionadas, que se completarán con unas cuartas, las catalanas. 2024 será un año en el que cada día estará en juego el futuro de los dirigentes políticos.