El legado de Barahona, descubridor de minerales

J. Monroy
-

Ha mostrado al mundo tres minerales y una seta, hasta ahora desconocidos. Ahora este toledano apuesta por la divulgación y por despertar la curiosidad científica entre los pequeños

El legado de Barahona, descubridor de minerales - Foto: Yolanda Lancha

Asus 86 años, Antonio Barahona nos visita, como no podía ser de otra manera, bien cargado. En una mano, nos muestra unas baritas, unos cristales, explica, signo inequívoco en la naturaleza de que debajo hay galena, «sobre los yacimientos de galena, siempre hay montera de barita». Los pequeños ópalos que deja sobre la mesa son asociaciones de diatomeas, formaciones a partir de caparazones con unos 15 millones de años. En varias de ellas con la ayuda de una lupa se distinguen incrustadas minúsculas caracolas. Y no podía faltar las muestras de las barahonaita, los tres materiales que, además de una seta, ha descubierto para el mundo.

Hablar con Barahona es siempre ilustrativo. Este toledano de raigambre y nacimiento tiene el convencimiento de que si no divulga, de nada sirve lo demás que ha hecho en la vida. Se lo ha tomado como su principal obligación hasta el punto de que en muchas conversaciones no deja pasar la oportunidad de aconsejar cómo despertar la curiosidad y las ganas de aprender en los niños de cuestiones como la que a él le apasiona, la geología. «Conocer lo que es la barita es suficiente motivo para que un crío quiera saber y le pique la curiosidad, y si le pica, ya buscará información por todos los medios», apunta. Pero más allá de los consejos, Barahona predica con el ejemplo, y ha hecho importantes donaciones de materiales a su localidad de Recas, que han permitido la creación de un museo municipal y otro de minerales y fósiles en el instituto Arcipreste de Canales. La importancia de este último es tal, que a principios de abril ha protagonizado la primera de las muestras que, con materiales procedentes de institutos de la provincia, se van a suceder en la Delegación de Educación de Toledo. Pero para Barahona esto es lo de menos. Para él lo importante es saber que si en su años de vida solo había conocido a otra persona de su localidad interesada en los minerales, ahora hay un importante número de jóvenes que se están acercando a este mundo e incluso estudian Geología, «de lo que me siento orgulloso y cien por cien responsable». Antes en Recas a cualquier mineral se le llamaba «canto», ahora muchos les ponen nombre.

Podemos dar más valor a la aportación de Barahona tras conocer su historia. Es literalmente un hijo de la Guerra, nacido en 1937 accidentalmente en Villacañas cuando su abuelo Demetrio Ortiz salió huyendo de Recas con su madre Natalia. A los seis años el pequeño Antonio no pudo ir a la escuela, comenzó a trabajar para aportar dinero a su casa. Cuidaba dos grupos de bueyes, que transportaba del tajo a los pastos. En su camino, el niño se fijaba en una curva del camino, en una rotura geológica, que cuando más iluminaba el sol algo brillaba. Lo lavaba y brillaba el doble, y donde había un hueco grande «era un tesoro». Aquello despertó una curiosidad infantil, «fue un virus que me picó y ya no había paseo que yo diera por el campo que no fuera permanentemente mirando al suelo», lo que le llevó años después a saber que el brillo provenía del producto de diatomeas, de los depósitos lacustres procedentes de una laguna de agua salada que hubo en La Sagra hace millones de años.

Después Barahona se marcharía a Madrid, donde con doce años aprendió de una antigua maestra republicana represaliada. También fue autodidacta «dentro de la normalidad más natural».

Descubrimientos. A principios de los ochenta, llegó el descubrimiento para el mundo de las tres barahonaitas. Su experiencia ya le daba a Barahona para que le saltaran las alarmas cuando se topaba con «algo raro». Así le ocurrió en una sierra de Pastrana, la pedanía murciana de Mazarrón, cuando le salió «una cosa que no conozco». Allí abunda el arsénico y el hábito con el que se forman los cristales. Consultando a otros expertos, llegaron a la misma conclusión. Así que Barahona comenzó a trabajar, y encontró algo desconocido. Tuvo el honor, reconoce, de entregar las muestras a su amigo el profesor Vignal, que se encargó de que se hicieran todas las pruebas en los laboratorios IMA de catalogación mundial de nuevos minerales... y le llegó una felicitación. ¡Había descubierto tres fórmulas de minerales que no estaban catalogados! Las barahonaitas son minerales con el único interés del coleccionismo, porque con mucho trabajo se saca muy poco material. Es un mineral hidratado, con arsénico, hierro, aluminio y cobre, entre otros elementos.

En realidad, Barahona no era novato en estos menesteres. Como micólogo aficionado, había descubierto previamente una seta. Él la encontró al cambiar la tierra de una maceta de su casa. Francisco de Diego Calonge, director del Jardín Botánico, mandó examinar las muestras, pero en España apenas pudieron estudiarla, hasta que Calonge la mandó a los laboratorios del Museo Botánico de Londres, donde confirmaron que no existía. La peciza barahonae tampoco tiene gran valor, pero ya está en el mapa de la ciencia.

En todo este periplo de ocho décadas por la geología, Barahona se ha encontrado con muchas experiencias y anécdotas, pero sobre todo ha constatado la imagen que muchos tienen de la geología y de los materiales con los que trabaja con la realidad, «la importancia de una muestra es cuarenta mil veces más simple».