"La misión es reinvertir, dar empleo y crecer en el exterior"

A. Benito
-

"La misión es reinvertir, dar empleo y crecer en el exterior"

Juan Miguel Martínez Gabaldón, director general de la compañía palentina Galletas Gullón, una de las más destacadas del sector en Europa, hace balance del pasado año 2020. A pesar de las dificultades, se muestra «orgulloso» del trabajo realizado y dice mirar hacia el futuro «con ilusión».

Aunque los resultados aún no se han dado a conocer públicamente, Galletas Gullón podría haber batido un nuevo récord al superar el año pasado los 400 millones de euros de facturación, ¿no es así?

Así es. Hemos logrado los 400 millones y esto para nuestra compañía supone un hito histórico que nos invita a hacer dos reflexiones importantísimas. La primera es mirar atrás y ver cómo en tan solo 35 años hemos pasado de ser una empresa pequeña que facturaba 8 millones de euros a ser una de las principales galleteras de Europa. Eso se debe a la presidenta de honor, María Teresa Rodríguez, fundamentalmente. 

En segundo lugar, nos da la oportunidad de mirar hacia el futuro con la ilusión y el objetivo claro de trasladar este éxito que hemos conseguido aquí en España al resto del mundo. Estamos seguros de que lo vamos a conseguir con su hija y actual presidenta, Lourdes Gullón. Estos 400 millones nos están diciendo que lo hemos hecho bien y que tenemos proyecto para crecer en el exterior.

¿Podría ahondar en cuál va a ser su estrategia de cara a los próximos años en el plano internacional?

El crecimiento de una compañía se traduce en mayores oportunidades y competidores. Por eso es fundamental tener un proyecto claro, para poder abrir camino. Efectivamente, nuestro futuro está en la exportación, pero no de cualquier manera. Nosotros tenemos el know-how de ser una empresa galletera con más de cien años de historia y hemos aprendido a luchar en los mercados competitivos. En España, como decía, hemos tenido un gran éxito, y creemos que hay que exportar nuestro proyecto Gullón, un proyecto ganador, relacionado con la salud y, por lo tanto, abierto a todos los países donde vamos. Ese es el gran objetivo y la gran oportunidad que hay para nuestra compañía.

Si le parece, vamos a centrarnos en este último y complicado año. En las primeras semanas de confinamiento la galletera tuvo que asumir picos de hasta un 40% de incremento de la demanda. ¿Cómo fue hacer frente a la situación teniendo, además, que garantizar la seguridad de los trabajadores?

Yo creo que, sencillamente, supimos organizarnos. Recuerdo que había muchísimo miedo a acudir al puesto de trabajo y, por otra parte, teníamos la gran responsabilidad de no parar la producción y de suministrar alimentos básicos a los hogares. 

Como todo el mundo, nos tuvimos que enfrentar a un tema delicado, a una experiencia nueva, pero, como digo, creo que la clave fue la organización. Hicimos reuniones diarias con el equipo directivo y el comité de empresa, y eso también fue un acierto, sobre todo para que nuestros trabajadores, desde un primer momento, tuvieran todos los EPI completos. Cerramos la fábrica a cal y canto, los empleados fueron controlados por un equipo de enfermeras y dispusimos de test rápidos en nuestro propio centro de trabajo. Eso nos permitió trabajar todos los meses de confinamiento, las 24 horas del día, incluidos los fines de semana. 

Como dato resumen, los gastos en protección de nuestros trabajadores en 2020 rozaron los 4 millones de euros, pero cuando miramos atrás, todos nos sentimos muy orgullosos de lo que hicimos y de haber logrado resolver una situación totalmente nueva y muy complicada.

Más allá de esos primeros meses, ¿en qué ha afectado la pandemia al patrón de consumo y los gustos de los consumidores?

Los primeros días fue muy llamativo el vaciado de lineales y el llenado de despensa. Después también se produjeron cambios, menos visibles, pero de gran calado. Durante la primera ola, el consumidor, para acompañar su confinamiento, además de adquirir productos básicos realizó consumos de disfrute personal. Más tarde, con la llegada de la segunda ola y de la crisis económica derivada de la pandemia, el patrón cambió sustancialmente, de tal forma que lo que predomina ahora es el consumo cauteloso. El comportamiento del consumidor ha cambiado, clarísimamente, a una alimentación de productos esenciales. También han influido los cierres de la hostelería y la restauración, así como el teletrabajo, que han obligado a la gente a quedarse en casa y ha aumentado el consumo en el hogar.

De cara al 2021, con la crisis y hasta que no lleguen las vacunas, el consumidor va a ir claramente hacia productos básicos y muy económicos. También va a ser muy crítico con la relación calidad-precio, y creo que se van a incrementar los artículos saludables, porque la pandemia ha puesto de manifiesto que la salud es lo que más importa.

Precisamente, Gullón fue pionera en apostar por la galleta-salud. Por lo que dice, uno de los retos ahora va a ser ajustar al máximo la calidad, el precio y el hecho de que un producto sea saludable

La pandemia ha cambiado nuestras vidas drásticamente. En cuanto a la economía, han desaparecido numerosas empresas y mucha gente se ha quedado sin trabajo. A todo eso hay que sumar la incertidumbre hacia el futuro. Esto se traduce en una presión tremenda sobre las familias, de tal forma que aunque nos decantemos cada vez más por productos saludables, el elemento precio vuelve, igual que lo hizo en la pasada crisis. Creo que el paro y el miedo a una economía que no se ve clara, y todo esto de una forma machacona en el día a día y en los medios de comunicación, va a influir tremendamente en esos parámetros de precio, calidad y salubridad de los alimentos.

Gullón, que actualmente cuenta con 1.600 trabajadores, se ha marcado el objetivo de alcanzar los 3.000 empleados durante esta década. ¿Cómo lo va a lograr y qué perfiles necesitan?

Una empresa manufacturera como la nuestra y con un plan de crecimiento tan ambicioso tiene una capacidad de generación de empleo tremenda. Efectivamente, la idea es llegar en una década a ese nivel de trabajadores. Ahora bien, también nos interesa que los empleados vivan en un radio de 50 kilómetros, que en coche puedan tener acceso fácil a la fábrica. 

El reto es crecer en ese número de trabajadores, pero también chequear el talento que hay en este área, porque no solo necesitamos trabajadores para las líneas, sino también ingenieros, biólogos, químicos, nutricionistas, etc. Para hacer realidad un crecimiento como el que esperamos, vamos a necesitar todo tipo de empleados. Por tanto, es una gran noticia para este área de la Montaña Palentina, porque podemos retener a la población nativa, incluyendo la que tenga una formación que le pueda facilitar el marchar. Aquí hay cabida para ese talento.

Otro compromiso que viene desarrollando Gullón desde hace años es el de reducir la temporalidad. ¿Está entre sus planes seguir apostando por el empleo estable?

Lo cierto es que siempre hemos seguido esa línea. Desde que se compra una línea de producción hasta que se carga de trabajo, se tarda 3, 4 o 5 años. Lo que hacemos, al mismo tiempo, es reflejar ese crecimiento en el personal fijo. En el año 2020 creamos 120 nuevos contratos fijos y esa es nuestra política para los próximos años. Nos basamos en que hay que traducir el crecimiento limpio y estable en puestos de trabajo fijo para que la empresa vaya cumpliendo su labor de ser el motor económico de la zona de forma fiable. 

La actual crisis ha puesto de manifiesto la importancia del desarrollo sostenible. La empresa a la que usted representa lleva años apostando por el medio ambiente. ¿Cuál es su postura respecto a los ODS y la Agenda 2030?

Nuestro compromiso es total. Formamos parte de una empresa situada en un paraje maravilloso con una riqueza impresionante y, por eso, nos resulta natural desarrollar una actividad que no sea nociva para el medio ambiente. Nunca hemos tenido ningún tipo de duda, por eso colaboramos y participamos con esta tendencia en todos los organismos que sea necesario. Hoy día no se puede desarrollar una actividad industrial sin respetar el medio ambiente y sin apostar por una economía circular. La verdad es que somos muy estrictos en ese sentido y lo seremos siempre.

Para finalizar, ¿cuáles son los objetivos para este año, sobre todo en materia de internacionalización?

Estamos en Aguilar de Campoo, en la Montaña Palentina, y nuestra idea es seguir reinvirtiendo los beneficios para generar empleo y que toda la comarca tenga la oportunidad de vivir una vida tranquila en el lugar en el que ha nacido. Ese es el criterio de María Teresa y, para eso, la empresa tiene que seguir creciendo. ¿Dónde? En la Península Ibérica ya es muy difícil, así que nuestro proyecto, clarísimamente, está en el exterior. Estamos exportando a más de 120 países. Hay algunos a los que aún no llegamos porque su moneda no tiene poder para comprar las galletas, pero hay muchos en los que ya estamos y existe la oportunidad de profundizar más en los mercados. Esa es nuestra misión: reinvertir, generar empleo, hacer la empresa más grande e ir al exterior porque es el único camino que, por sus dimensiones, puede seguir Gullón.

Estratégicamente, por seguridad jurídica, moneda y cercanía, nos interesa potenciarnos más en el arco mediterráneo. Reino Unido, Francia, Italia, Marruecos y Argelia son países donde tenemos una prioridad. También el resto de Europa, puesto que es el primer mercado de galletas. Ahora bien, los mercados que están creciendo de verdad y rápidamente son los de Asia-Pacífico, por tanto, tenemos que ir allí y ver lo que está pasando. Los mercados de Norteamérica o Australia están estancados. Latinoamérica también está en crecimiento. 

En definitiva, estamos muy atentos a los puntos donde el mercado de galletas está creciendo más fuertemente. Como decía, exportamos a 120 países y, por tanto, tenemos una visión global de lo que está pasando. Nuestra idea es apostar por todas las áreas y estar allí donde más consumo se genere.