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Persistente runrún electoral

Carlos Dávila
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El año venidero será trascendental para el Partido Popular, con posibles comicios, y victorias, en Castilla y Léon y Andalucía

El líder del PP confía en llegar a La Moncloa en las próximas generales, previsiblemente para principios de 2024. - Foto: Rodrigo Jiménez

Con certeza que en estos medios en los que tengo la fortuna de narrar mis noticias e impresiones políticas existe ahora mismo mejor información que la mía sobre lo que denomino: «Persistente runrún electoral». La referencia es, claro está, al posible adelanto electoral en Castilla y León. Desde Madrid, centro de todas las especulaciones posibles, se le dice al cronista lo siguiente: «Ya no se descarta este adelanto». ¿Quién lo dice?, pues dirigentes muy entendidos del Partido Popular, los mismos, idénticos, que allá por septiembre descalificaban rotundamente este rumor y no solo para el caso de esa región sino también para la más lejana Andalucía. Seguro que estos dirigentes, que tienen nombre y apellidos, alguno compuesto, no hablan a humo de pajas cuando aceptan que en poco tiempo, quizá para el comienzo de la primavera (se atreven incluso para fijar como día de elecciones el domingo 27 de marzo) todos los colegios provinciales se abran para acoger a los electores habilitados al efecto. Parece demasiado arriesgada esta apuesta, pero tiene una sola validez: el cambio de opinión que se ha producido en estos meses postveraniegos.
Además, juega un factor que conviene resaltar: aunque únicamente hay una persona que puede firmar la clausura de las Cortes, no es menos cierto que el presidente Fernández Mañueco no adoptaría esta decisión sin antes debatirla o incluso más, comunicarla a los jefes de su partido. Y esto por una sola razón: el año venidero, se convoquen o no comicios autonómicos en esta región, será ya un año trascendentalmente electoral para el PP. En Andalucía no cabe otra opción que disolver su Parlamento y llevar a los ciudadanos a las urnas. Y a estos efectos, ¿qué más da fijar fecha para antes del verano que para después? En este momento la duda del presidente Moreno Bonilla solo estriba en este punto: ¿logrará aprobar sus Presupuestos, redactados por el eficaz Juan Bravo, que son, según  opinión de los medios más independientes, los mejores que hayan conocido nunca los habitantes de los ocho territorios? Pese a esta constatación, la impresión es que esas Cuentas tiene escasa vocación de futuro: el PSOE, a pesar de algunas escaramuzas, no se ha prestado a apoyarlas, y Vox, el partido que se arroga la responsabilidad de que el PP gobierne en Sevilla, ha presentado tantas exigencias ajenas, desde luego, al guion de unos Presupuestos que ya nadie piensa en que los acólitos de Santiago Abascal se permitan el lujo -son sus palabras- de ofrecer de nuevo su mano a Juanma Moreno. Y si no hay Presupuestos, hay elecciones, no queda otra alternativa.

 

En primavera

Año pues inevitablemente electoral para el PP que además será decisivo para el porvenir político del partido y de su presidente, Pablo Casado. No es lo mismo para él acudir a la convocatoria general presumiblemente de enero o febrero de 2024, con dos triunfos clamorosos en dos regiones tan importantes por su número de escaños como Andalucía y Castilla. Si me dejan añadir un matiz más al runrún que encabeza esta crónica, escribiré lo siguiente: la dirección nacional del PP, lo que se conoce clásicamente por Génova se inclina más por el adelanto en Valladolid, Burgos, Ávila… que por el sometimiento al calendario prefijado: 29 de mayo de 2023. Esto al menos es lo que escucha cualquier oído atento a las proclamaciones de los que mandan en el centroderecha. La pregunta en consecuencia es si Mañueco atenderá estos requiebros que encierran no obstante una complicada decisión. Por lo demás, si las informaciones del cronista son correctas, la discreción que está mostrando el presidente regional en estos días en los que cuesta encontrarle en cualquier declaración pública, induce a pensar que, por lo menos, está reflexionando sobre la utilidad y eficacia de las dos opciones que tiene ante si: cerrar el parlamento regional o aguantar con lo que tiene hasta agotar la legislatura. Otra aportación, esta vez reconozco que meramente personal: dentro del concepto aguantar se encubre la evidente antinomia que existe entre la concepción política del presidente y el trayecto que están siguiendo algunos socios actuales de un partido tan agónico como es Ciudadanos. ¿A quién le extrañaría que cuesta abajo en la rodada, algunos asociados de Inés Arrimadas, no pongan al fuego a quienes finalmente les están dejando en las raspas? Este factor no es desdeñable y con seguridad está muy presente en la consideración que pueda estar haciéndose la única persona que tiene la atribución de cerrar una cámara y convocar elecciones para la siguiente.

 

¿Y ciudadanos?

El riesgo que existe de que algún díscolo de Ciudadanos se ponga en plan murciano y le atice una nueva moción de censura a Mañueco no es de ningún modo un absurdo rumor sin fundamento, antes bien, por lo que recoge este cronista en sus muchas conversaciones con personajes relevantes de la región, se trata de una posibilidad que únicamente se guarda una reserva: que los números no les den a los promotores de la revolución socialista-Ciudadanos (algunos Ciudadanos), gestores que berrean por encontrar un nuevo acomodo dado que el piso que tenían alquilado en España ha sido arrasado por la lava de la política. Otra pregunta: ¿Será también esta delicada cuestión un elemento básico para la decisión del presidente? No hay que dudarlo: ¿quién mejor que él está toreando con habilidad los continuos embistes que le arrean sus conocidos oponentes? Nadie.
Termina el runrún con una aportación más: todo el tiempo que se le ofrezca al embustero Sánchez para recuperar posiciones, seguro que se bate en contra de las aspiraciones de Pablo Casado. Hace unos días un diputado anónimo del PP señalaba a este cronista con ocasión de los inconcebibles rifirrafes de Madrid: «No hay un partido en el mundo que trabaje más por el éxito del contrario». Más explícito no se puede ser. Tampoco más realista.