La noche de la vergüenza

M.R.Y. (SPC)
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El 13 de agosto de 1961, Berlín amaneció con alambradas que separaban la parte oriental de la occidental y que iniciaban casi tres décadas de un muro que dividió al país y al mundo entero

La muralla permaneció levantada hasta el 9 de noviembre de 1989.

El 9 de noviembre de 1989 es una fecha para la Historia, un día para el optimismo y la concordia que no podía haber existido sin otra jornada para el recuerdo, un día gris, el 13 de agosto de 1961, cuando comenzó la construcción de una frontera inédita: el Muro de Berlín, que dividió, no solo a una ciudad o a un país, sino a todo un planeta. Y no solo de manera física o política, también psicológicamente.

Fueron casi tres décadas de opresión que se iniciaron de madrugada, con nocturnidad y premeditación. Los alemanes se acostaron el 12 de agosto sin más barreras que las ideológicas y despertaron el 13 con una alambrada que separaba el este (RDA) del oeste (RFA). Y que nacía con una finalidad muy clara y contradictoria a lo habitual. Y es que, si el objetivo de los muros fronterizos es impedir la entrada de algo o de alguien, el de la Alemania soviética tuvo desde el principio de su existencia un motivo completamente diferente: prohibir la salida de ciudadanos al lado occidental, los denominados como «fugitivos de la república».

Entre 1949 y 1961, más de tres millones de personas abandonaron la RDA para huir a a la RFA, controlada por los aliados y, por tanto, regida por un sistema democrático. En su mayoría, menores de 25 años y altos perfiles. Una tendencia que hizo temer una fuga de cerebros pero, sobre todo, una desbandada que pusiera en duda la viabilidad del régimen comunista de la URSS. Por eso, y aunque durante años se escuchó hablar de una muralla china en Berlín -negada en todo momento por la RDA-, finalmente un domingo de verano, la noche del 12 de agosto de 1961 se decretó levantar una frontera física para «poner fin a las actividades hostiles de revanchismo y militarismo de Alemania Occidental», una medida «habitual en cualquier Estado soberano», añadieron las autoridades. Y, en apenas unas horas, se erigieron barreras temporales entre ambas partes, con alambradas y adoquines a lo largo de 155 kilómetros que fueron evolucionando hasta el mundialmente conocido como el Muro de la vergüenza y denominado por sus precursores como Muro de Protección Antifascista, con el que se cerraban 69 puntos de control de los 81 que existían en la capital y se implantaba un férreo sistema de vigilancia con guardias armados apostados en la línea divisoria las 24 horas del día.

La noche de la vergüenzaLa noche de la vergüenzaA pesar de esta edificación, los intentos de fuga no cesaron. Es más, solo unos días después de que fuera levantada llegaron las primeras víctimas mortales.

Ida Siekmann fue la primera persona en morir tras la construcción del muro. La mujer, de 58 años, quedó aislada de su familia -que vivía en la parte occidental- tras el levantamiento de la frontera y, ante la imposibilidad de cruzar al otro lado de la ciudad, intentó escapar a través de la ventana de su casa, que lindaba con la parte oeste, usando varias sábanas para saltar desde el tercer piso. Sin embargo, su huida no tuvo el final esperado al deshacerse los nudos, precipitándose al vacío. Murió el 22 de agosto.

Dos días después, el 24 de agosto, se registró el primer fallecido abatido por los guardias. Fue Günter Litfin, un joven de 24 años que trataba de escapar al lado occidental a través del río Spree. Tras ser descubierto por los oficiales, se le ordenó nadar de regreso y, al salir del agua, fue asesinado a tiros.

Como Siekmann o Litfin, cientos de miles de personas trataron de cruzar el muro en busca de una vida mejor, pero solo 5.075 lo consiguieron y al menos 140 -según fuentes oficiales- perdieron la vida en el intento. El último de ellos fue Chris Gueffroy, quien murió por los disparos de los guardias el 6 de febrero de 1989, apenas nueve meses antes de la caída del Muro, un 9 de noviembre que sirvió para que Alemania se reconciliara con el mundo y, sobre todo, llevó aires de libertad a una población oprimida durante demasiados años.