Cabalito

Ignacio Ruiz


Flotar y mandar

14/04/2021

Dicen que todo, en esta vida, se puede afrontar. Solo hay que plantearse: cómo, cuándo y, muy importante, con quién empezar. Pero este camino nos muestra lo bueno y lo malo de la imperfecta naturaleza humana.
Últimamente, y con un ‘estado de alarma’ de por medio, las actitudes autoritarias, imperativas e incluso dictatoriales, se repiten con un cachondo sentido del humor sobre la razón y la verdad. Un apunte: véase que la razón y la verdad no tienen por qué ir juntas siempre.
Decía, sobre la gracia que hace que, en estos meses, la actividad política sólo se entienda desde una posición cuasi mitológica de gobierno. Al resto, meros individuos terrenales, como ejemplo, los partidos de la oposición, se les espera con una postura genuflexa de sumisión y ‘sibwanismo’, mirando al consistorio, a las órdenes del poder superior.
Esa posición de flotar por encima del bien y del mal empuja a que escuchemos vomitivas proclamas sobre diálogos y debates inexistentes, consensos falsos y dobles varas de medir. Una tutorización del rodillo como tótem que, no permite, siquiera, abajarse al vecindario que pide lo que es necesario, lo que precisa esta ciudad.
Mandar no es imponer, gobernar no es machacar. Tanto se les llena la boca de democracia, de derechos e igualdades que vomitan sólo sectarismo e imposiciones imperativas. Dialoguen, somos ochenta mil habitantes, y ustedes no son poseedores absolutos de la verdad y la razón.
Habría que echar al que, por estar flotando, se crea tener poder ilimitado. Dos ejemplos:
No se puede promover el turismo con bonos directos, o la actividad comercial, pero en un artificio zapateril de alcaldía (tipo Plan E) surge un bono solo para niños de 8 años: ¿qué efeméride conmemoramos? ¿La decisión dedocrática de su designación como candidata al puesto de alcaldesa?
Otra, de un chusquero del que no se nota su trabajo. Pretende acallar la labor de la oposición en las comisiones como si de un milico municipal se tratara. ¿Quién se cree que es? Ese concejal debería conjugar el verbo dimitir. Sin más. Ya está bien de atropellos. Aunque, en descarga suya, puede que haya aprendido del ejemplo marimandón y poco ecuánime exhibido por su inmediata superior: flotar y mandar, todo es empezar. Nos están creando un clima local de exposición.