Victoria Lafora


El carajal de las vacunas

26/11/2020

No se preocupe si usted no sabe cuándo y cómo le van a vacunar del Covid 19; le ocurre lo mismo al noventa y cinco de los españoles. La pócima mágica, que debía llegar en diciembre y que sería la panacea para vencer la horrible enfermedad, se empezará a administrar en enero entre los mayores de las residencias y el personal sanitario. Es lo lógico y necesario. Pero ¿Por qué se niegan a informar al resto de los ciudadanos, clasificados en dieciocho grupos, de cómo será el orden? Después de dar noticias contradictorias sin cuento, de minimizar los riesgos del virus hasta que los féretros inundaron las pistas de hielo, ahora se han vuelto prudentes. ¿O es que quizá el plan es una mala copia de la estrategia que, con tanta precisión, han narrado las autoridades alemanas? Resulta sorprendente que el Ministerio de Sanidad haya tardado dos meses en elaborar un plan que básicamente consiste en determinar los criterios de riesgo, porque, así como Alemania creará infraestructuras para administrar la vacuna, en España serán los sufridos y desbordados centros de salud los que apechuguen con la tarea.

Eso sí, Salvador Illa hizo hincapié en que prevalecerán los principios de "igualdad, dignidad de derechos, necesidad, equidad..." sin explicar que va a pasar con aquellos pueblos de la España vaciada, donde no tienen ni centro de salud.

El problema grave es que España es uno de los países de la Unión Europea con mayor rechazo a las vacunas del coronavirus. Dicen los expertos que la desconfianza crece en paralelo a la mala gestión y a una comunicación contradictoria sobre las medidas a tomar y los riesgos de la pandemia. Es normal que, cuando la población deja de creer a su clase política, desconfíe de los remedios que propone para solucionar los problemas.

Tampoco se ha hecho muy bien, por parte de las grandes corporaciones farmacéuticas, la venta de un éxito sin precedentes como ha sido lograr tres tipos de vacunas diferentes en tan corto espacio de tiempo. En lugar de contarlo en las televisiones deberían haberlo publicado, con todas las garantías, en los medios científicos para que fueran evaluadas por quien corresponde. Pero, la ambición de ser los primeros, con el éxito económico que conlleva (no hay más que ver las ganancias del directivo de Pfizer que vendió sus acciones), devalúa su credibilidad.

De momento, las vacunas no han sido aprobadas por los organismos internacionales, y los españoles, además de no saber cuándo seremos vacunados, tampoco conocemos con cual de las tres formulas que la UE ha comprado de forma masiva.

Pero, antes de la comparecencia de Illa, el presidente Pedro Sánchez no pudo reprimir su deseo de apuntarse el tanto y compareció el domingo pasado para vender la gesta del plan de vacunación. Nada dijo de que constaba de dieciocho folios, ni habló tampoco de las infraestructuras logísticas necesarias para el mantenimiento de las 20.873.941 dosis de Pfizer que ha comprado su Ejecutivo y que deben mantenerse a -80º C

¿Llegaremos al verano?