Tente Nublao

Ángel Monterrubio


Campanas

14/04/2021

Como los tiempos mudan vamos perdiendo cosas por el camino, siempre fue así y siempre lo será. Una de esas cosas ha sido el lenguaje de las campanas. El sonido de las campanas marcó durante siglos nuestro tiempo, nuestro ritmo de vida, nuestra comunicación comunitaria y nuestros sentimientos. Cada campana, cada toque, tenía un código diferente: hora, alegría, alarma, convocatoria, protección tormentas (tente nublado), muerte…
El Diccionario de Autoridades define ‘campana’ de una manera preciosa, cuasi poética: ‘el instrumento de metal, ancho de boca, y más angosto en la parte superior, a la manera del vaso de una copa, con su lengua de hierro, que, sonando en el interior de la parte más ancha, sirve de avisar, según los usos que está destinada, o para llamar los fieles a la iglesia, o para convocar los concejos a sus juntas y otras cosas’.
Y perdido el lenguaje de las campanas también se van perdiendo, por desgracia, la mayoría de los dichos y refranes que la lengua castellana usaba a cuenta de las campanas.  Ya se oye muy poco ‘salir a campana herida o campana tañida’, que viene a ser como salir con gran prisa o tropel.  O aquel de ‘no ha oído campanas’, dicho con el que se señalaba la ignorancia de una persona que se admiraba de lo más evidente o preguntaba por algo ridículo o impertinente. Para señalar a aquellos que se evanecían y se comían los mocos, sin merecerlo, claro, decíamos que se ‘ponían más huecos que una campana’.
Cuando las cosas se torcían o echaban a perder con difícil remedio, poníamos el ejemplo irreparable de la campana rajada: ‘campana cascada nunca sana’. Con ‘badajo de campana si florece no grana’ aludíamos a los perezosos y vagos que al no trabajar no prosperaban, por semejanza con los badajos que no se utilizan golpeando la campana y se cubren de un óxido verdoso, de ahí la figura comparada con la hierba. O el que señalaba a los que hacen el papel de Capitán Araña, que tratan de convencer a otros con charlas o mítines de lo que ellos no hacen: ‘no entra en misa la campana y a todos llama’. Y para finalizar, aquel que describe a una buena parte de los tertulianos que hablan sin sustancia, a bulto y de todo: ‘parece urraca en campanario’.