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César Pacheco

Tribuna Abierta

César Pacheco


Hércules X El Sabio

06/04/2022

Celebrando efemérides reales y de personajes de gran trascendencia histórica, como es la figura de Alfonso X, llamado El Sabio, que por algo sería, la capital toledana no se queda atrás en la divulgación del importante patrimonio cultural. A raíz de este evento, que sin duda marca un hito en la historia de las exposiciones musealizadas con nuevos criterios y métodos en nuestra provincia,  y viendo una de las piezas expuestas,  me surgen estas reflexiones sobre patrimonio, gestión, política e identidad de los pueblos.
Ha sido una sorpresa, entre grata y llena de asombro y perplejidad, descubrir que se haya expuesta en la exposición una de las piezas más valiosas de la arqueología talaverana, el Hércules de bronce, que mi compañero de labores arqueológicas Alberto Moraleda y yo, descubrimos en el suelo de Caesarobriga  (para quien no lo conozca, la actual Talavera de la Reina) en un ya lejano año de 1996. Y sin dudar, que la comisaría de la exposición tendrá sus motivos para exponer tan preciada pieza, junto con otras de época romano-visigoda para encuadrar el pasado antiguo de la sede regia toledana en la que el sabio rey del siglo XIII tuvo un especial papel, no es menos cierto que esto me produce una cierta tristeza.
Tristeza, primero, por comprobar qué fácil es gestionar el patrimonio en la capital de la nueva taifa, y cuán difícil resulta en esta ciudad de la vettonia toledana llevar a cabo proyectos similares. No creo que sea por falta de entusiasmo ciudadano y de los agentes culturales, que sin ánimo de vanagloria, no tienen nada que envidiar a los de Toledo, si exceptuamos, claro está, que en la capital disponen de más medios, el apoyo de los Mass media, el favor de las administraciones, y es siempre un escaparate más elegante por su rico patrimonio de la humanidad, y todo lo que el lector quiera añadir.
No es mi ánimo abundar en el victimismo localista que a veces se desgrana en la ciudad de la Cerámica, cuando se trata de hablar y comparar cosas y eventos de Toledo, pero sinceramente, y desde la más pretendida objetividad que me permite mi oficio de arqueólogo e historiador, y conocedor del sistema que rige en materia del patrimonio cultural y su legislación, estimo la anécdota del Hércules en Toledo, una especie de broma de mal gusto para con una población de más de cien mil habitantes que vivimos en las comarcas occidentales de la provincia.  El asunto es que nuestro presidente regional no hace muchos meses declaró que la citada pieza romana junto con otras vendría a Talavera para su exposición indefinida en el Museo de Cerámica Ruiz de Luna de nuestra ciudad. A día de hoy es obvio que el semidiós de bronce por aquí no está, porque está muy atareado en exhibirse con  la desnudez de los dioses en el Olimpo de Toletum.
Y la cuestión no es si debe estar o no en Talavera, como mucho patrimonio mueble arqueológico procedente de la urbe y su territorio que lógicamente se conserva en el museo provincial como establece la ley. Para mí lo sangrante es que después de casi treinta años resulta increíble que ni los gobiernos regionales, provinciales, ni locales de esta Vetusta alfarera hayan sido capaces de articular un plan para establecer un museo/centro de interpretación de la historia y la arqueología, donde no sólo se expongan piezas, si no que se explique el devenir histórico: las señas de identidad diacrónicas de un territorio como la antigua tierra de Talavera, los territorios prehistóricos del valle del Tajo, con magníficos yacimientos paleolíticos, enclaves megalíticos, poblados del Calcolítico, del Bronce y del Hierro, la riqueza del poblamiento rural romano, incluida la importante civitas de Caesarobriga, con un cada vez mejor conocido patrimonio arqueológico, y su relación con las vecinas Toletum, Augustobriga, Abela, o Augusta Emerita, etc.  Y no decir ya de nuestra importancia como medina andalusí fortificada y sus producciones cerámicas diversas, y la no menos pródiga alfarería mudéjar y bajomedieval. Todo ello, en medio de una historia llena de luces y sombras, aciertos y errores, retos y fracasos como en cualquier ciudad y territorio de la piel de toro. Pero al menos, disponiendo de un recurso didáctico, formativo e ilustrativo como sería un Museo de la Ciudad y el Territorio, podemos explicarnos mejor nuestra idiosincrasia fraguada con aportes étnicos y culturales diversos  que ha enriquecido la cultura acumulativa de esta tierra.
Talavera se lo merece y lo necesita, más allá de postureos políticos y epígrafes recogidos en programas electorales. Pero no sólo por las gentes que ahora la disfrutamos y habitamos, sino por la deuda que tenemos con nuestros futuros descendientes. Una responsabilidad colectiva como la tuvieran las generaciones pasadas. Ahora que Talavera apunta a convertirse en ciudad puntera como centro logístico de nuevas tecnologías, debemos estar a la altura para saber dar respuesta a la demanda que tanto vecinos como visitantes nos pueden hacer, y poder responder a estas preguntas: ¿De dónde venís? ¿Quiénes sois? ¿Cómo habéis llegado hasta aquí? ¿Habéis sabido cuidar de vuestra herencia cultural?  
Ojalá sepamos pronto responder. La Talavera del siglo XXI exige ya que los responsables de su administración y estancias políticas tomen en su agenda este asunto como una prioridad. De otro modo tendremos que ver atónitos como nuestro semidiós Hércules es disfrutado por todo el mundo menos en su lugar de origen. A que se convierta incluso en un Hércules X el Sabio, que no está mal, siempre y cuando no se olvide que la ciudad en la estaría expuesto allá por los siglos II y III d.C., en algún centro de culto privado o público de la Caesarobriga romana, está sufriendo la falta de "memoria" por la falta de voluntad de los gerentes de la "res publica".  A lo mejor hay que encomendarse a Hércules, este que tuvo que afrontar tantos trabajos, para que también afronte este difícil prueba: convencer y dar claridad a las mentes de los responsables de llevar a cabo tan hermoso proyecto.

 

César Pacheco es arqueólogo.