En el Camino

Enrique Sánchez Lubián


Inmediatez banal y aviesa

14/01/2021

Iñaki Gabilondo puso el lunes punto final a su columna en la Cadena SER, argumentando, entre otras cuestiones, sentirse empachado y no tener fuerza para sumarse al día a día de una lucha partidista tan encarnizada como la que arrastramos, así como negarse a ser el cenizo pesimista de las ocho y media de la mañana. Poco antes, en ‘Infolibre’, ya había apuntado un nuevo proyecto basado en la escucha y exploración de qué piensan los jóvenes, indicando, además, que «no se puede vivir con el sueño de ver si se hunde todo lo que haga el Gobierno».
La madrugada anterior a que comunicara su renuncia, pasé unas horas desvelado por un sentimiento de hartura similar al reconocido por él. Llevamos tiempo conviviendo con una gran tensión política, que, sumada a incertidumbres derivadas de la pandemia y otros factores sociales, está convirtiendo el sosiego en ‘rara avis’ para el debate público. Esto, reconozcámoslo o no, nos afecta a todos y en ocasiones nos sitúa en espacios donde no queremos estar, dejándonos arrastrar por lo emocional frente a lo racional, debatiéndonos luego, si realizamos sincera autocrítica, entre lo que hicimos o dejamos de hacer, si obramos bien o erramos, o qué impulsos en caliente nos han jugado malas pasadas.
El asalto al Capitolio por los seguidores de Trump ejemplariza el nuevo orden sociopolítico que determinados ámbitos están construyendo en el mundo. Aquí, en España, también. Es una estrategia orientada a subvertir los procesos institucionalizadores por la agitación populista, sumándose a ello la activa legión que alimenta la crispación en medios y redes sociales, conscientes de que mucha gente prefiere que les digan ya procesado lo que está pasando a comprobar la realidad con sus propios ojos, analizarla, comprenderla y valorarla. Intentan seducirnos con la inmediatez de opiniones banales y aviesas, marginando la reflexión y queriendo hacernos creer que sus inquinas personales, frustraciones o ‘malrollismo’ expresan un enfado colectivo que no siempre es real. Y con semejantes actitudes, donde suele primarse aquello de criticar la paja en el ojo ajeno y negarse a ver la viga en el propio, el debate público va llenándose de trampas donde es fácil caer, dejándonos enredar por tanta amargura, incomprensión y mala baba que, como la copiosa nevada dejada por ‘Filomena’, nos rodea.