A Vuelapluma

José María San Román Cutanda


El valor de lo mozárabe

12/04/2021

Según cuentan diversas crónicas, fue el 12 de abril del año 587 cuando se consagró en Toledo la basílica de Santa María del Alficén, llamada así por su significado en árabe: “de abajo”. El investigador J.J. Starch, según Gabriel Mora del Pozo, hizo referencia a este dato en base a lo publicado al respecto por Amador de los Ríos, quien advirtió de la existencia de una iglesia con este nombre bajo los restos del convento del Carmen Calzado, situado al final de la actual calle Cervantes.

Contar este dato no es cuestión de casualidad, sino algo más, pues sirve para hacer un pequeño recordatorio a una de las tradiciones jurídicas, históricas, litúrgicas y nobiliarias más importantes de la Cristiandad, cuyo centro y propósito está en la ciudad de Toledo. Y, además, coincide con la celebración en estos días de un interesante congreso sobre mozarabía convocado en Córdoba, y que cuenta con algunos de los más importantes especialistas en la materia como ponentes. Los toledanos estamos poco familiarizados con la cuestión mozárabe, más allá de aquellas familias que conocen su estirpe y su vinculación a uno de los ritos más antiguos del occidente cristiano. Y es triste que así sea, ya que en muy pocos lugares del mundo puede presumirse de una cultura tan rica y con tanto fundamento como es esta. Si me permiten, queridos lectores, les voy a dar algunos datos e impresiones al respecto.

Los llamados mozárabes —del árabe arabizados—, constituyen la comunidad de descendientes de aquellos que vivieron en Toledo durante la conquista musulmana. Hombres y mujeres que, manteniendo su rito y fe propias, coexistieron practicando los mismos usos y costumbres que los musulmanes. Su condición de hidalgos les fue reconocida por medio de la Carta Mozarabum, fechada el 19 de marzo de 1101, en cuyo texto se dice que «les doy libertad para que, el que haya sido peón entre ellos y quiera ser caballero, y tenga el haber necesario, lo sea», consolidándose como una de las muestras más antiguas de nobleza baja de nuestra historia.

Este privilegio contiene el núcleo principal de los otorgados, pero no fue el único. Se permitió también a esta

comunidad el regir sus pleitos por los cauces tanto sustantivos como procesales del Fuero Juzgo, pagando solo el quinto del montante de las penas pecuniarias en que incurriesen, salvo que éstas fuesen impuestas por delitos de hurto u homicidio de judíos o moros. Tuvieron, asimismo, un alcalde propio y contaron con diversas prebendas a efectos tributarios, con el especial derecho de «no pechar». La reafirmación y regulación última de la transmisión de esta hidalguía fue dispuesta en un Decreto de 10 de diciembre de 1982, firmado por el Cardenal don Marcelo González Martín. En virtud de su texto, la mozarabía puede ser rehabilitada por aquellos que demuestren ser descendientes de feligreses que pagasen diezmos en parroquias mozárabes o demostrasen que se les reconoce la mozarabía en sentencia habida dentro de pleito de hidalguía.

En cuanto a su ancestral Rito, hay que

decir que es uno de los más antiguos de la

Cristiandad. Dotado de una grandísima riqueza litúrgica y musical e integrado en buena parte por el mejor saber de los Padres de la Iglesia de la época, fue de uso común en la Hispania visigoda y en algunas zonas de Francia como la Septimania, si bien a partir del siglo XI perdió mucha fuerza en favor del Rito Romano. Toledo, por privilegio, pudo conservarlo y continuar celebrándolo en seis parroquias: Santa Eulalia, San Marcos, San Torcuato, Santas Justa y Rufina, San Lucas y San Sebastián. Parroquias a las que los fieles mozárabes todavía hoy, gracias al antedicho Decreto de don Marcelo, se adscriben no por el principio de territorialidad que rige en el Código de Derecho Canónico, sino por adscripción estrictamente personal a la parroquia a la que se pagaban los diezmos. Es muy curioso, además, que los feligreses de rito mozárabe no se rigen por el calendario litúrgico romano, sino por un calendario propio con particularidades tanto en las fiestas como en la distribución de los tiempos litúrgicos, algunos más largos que los configurados por el rito Romano.

El valor de la realidad mozárabe en nuestro siglo reside, a mi ver, en dos puntos esenciales. El primero de ellos es la implicación histórica que para nuestra ciudad comporta el hecho de haber mantenido y permanecido una tradición durante siglos que, además, se ha conseguido preservar actualizándola a nuestro siglo. Una tradición que nos sitúa como centro de una forma diferente de vivir la fe que incluso tomó en su momento un protagonismo social y cultural suficientemente sustantivo como para constituirse en puntal histórico de Toledo. El segundo, que el Venerable Rito Hispano-Mozárabe es uno de los ejemplos más preclaros de una comprensión comunitaria de la liturgia y de la fe. En todo momento, si analizamos la misa, los fieles tienen una participación fundamental, y su oración es ofrecida con una visión dotada de universalidad que, bajo mi punto de vista, le da la riqueza más auténtica de lo que debe ser la misa. Les recomiendo un pequeño libro de Juan Manuel Sierra, canónigo mozárabe, llamado “Orar con la liturgia Hispano-Mozárabe” donde dice: “la liturgia Hispano-Mozárabe posee una extraordinaria riqueza de contenido y una expresividad que pueden dar cauce a nuestra fe y a nuestra vida cristiana, tanto en la participación litúrgica como en la devoción personal”. En una y otra labor, la intervención providencial de nuestro recordado Arzobispo don Marcelo González Martín fue esencial, así como la labor de retomar los estudios y genealogías mozárabes y agrupar a las familias a las que les corresponden los privilegios mozárabes por derecho de sangre, que actualmente realiza en Toledo la Hermandad de Caballeros y Damas Mozárabes, fundada, eminentemente, por don José Antonio Dávila y don Balbino Gómez-Chacón, y a la que han prestado servicios durante décadas personas incansables como Mario Arellano García.

Poner en valor lo mozárabe es y será siempre significado de toledanidad pura. Por ello, todo esfuerzo es poco para hacer más viva esta realidad. Vayan a misa mozárabe, lean sobre mozarabía, introdúzcanse con cierto interés en este tema. A buen seguro, no les defraudará.