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Pilar Gil Adrados

Entre Encinas

Pilar Gil Adrados


Elogio de la fábula

19/05/2022

Suelo leer la página Nobel Prize donde la institución hace diariamente una reseña de alguno de los ya muchos premiados a lo largo de su historia, con el fin de acercar sus obras y logros al público. Esta semana, con motivo de celebrar su nacimiento, se la dedicaban a Camilo José Cela, galardonado de literatura en 1989, recordando la sabia y hermosa conferencia 'Elogio de la fábula' que pronunció para recibir el Nobel.
Decía Cela que no buscó la soledad, sino que la encontró y desde allí pensaba, trabajaba y vivía. Porque en su soledad le guiaba el principio de su amigo y mentor Picasso «ninguna obra de arte duradera puede lograrse sin una gran soledad». No en vano, eligió como ex libris un dibujo, regalo del artista, enmarcado por el lema 'un libro y toda la soledad'.
Estoy segura de que se refería sobre todo a esa soledad madre de la creación, del ingenio y de la invención a los que mece cuidadosamente en la cuna de la concentración y del estudio con música de paz y silencio para asegurarse de que sus vidas serán duraderas. Yo me atrevería a añadir que además valiosas, en el sentido de los utilitaristas decimonónicos que ya se ocupaban del bienestar de sus congéneres. Lejos de los presentes apasionados y ruidosos debates sobre la nada que conducen a menos.
También, a propósito de la utilidad del imperativo en la comunicación, Cela recordaba la teoría de los actos del habla de Austin y como el lenguaje perlocucionario es aquel que pretende provocar una determinada conducta en el interlocutor. Eso sí, «no sirve para nada el que se ordene algo si aquel a quien se dirige el mandato disimula y acaba haciendo lo que le da la gana», apostillaba.
Algo parecido a lo que sucede con los informes, recomendaciones, directrices, protocolos, aportaciones o sugerencias de distintas instituciones económicas y financieras - FMI, Comisión Europea, BCE, Banco de España, Airef, etc.- sobre la economía española y aquí estamos con una deuda pública que roza el 118% del PIB.
Aunque es verdad que los últimos repuntes son consecuencia de los menores ingresos y los mayores gastos derivados de la pandemia Covid-19 y más recientemente por la guerra en Ucrania, tampoco es menos cierto que la propia prestación de algunos servicios públicos tiende a aumentar el gasto público porque a precio cero la demanda es infinita y porque nos esforzamos menos si sabemos que alguien vendrá a arreglarlo.
Hay diversas teorías con las que los hacendistas explican la tendencia creciente del gasto público. Entre ellas, el ciclo electoral que favorece la oferta de nuevos y mayores programas de gasto según se acercan las elecciones para seducir a los votantes y la hipótesis de la ilusión financiera. Los que demandan mayor gasto público por el beneficio que les reportará no suelen reparar en su coste y mucho menos en que esto les ataña, puesto que, en su ilusión, entienden que serán otros los que se privarán de sus recursos para financiarlo.