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Editorial

Garzón insiste en ideologizar el sector cárnico y ganadero

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El ministro de Consumo, Alberto Garzón, sigue erre que erre. Pese a la virulenta tormenta por aquellas declaraciones donde el ariete de Izquierda Unida afirmó categóricamente en The Guardian que España exportaba carne de mala calidad de macrogranjas, parte del Gobierno, con la vicepresidenta Yolanda Díaz a la cabeza, sigue aún hoy en sus treces en reafirmarse en una posición que no hace sino prolongar y airear un debate que, aunque les sea incómodo, da la impresión de que están consiguiendo su objetivo.

Más allá de la expresión concreta, el ala más a la izquierda del Ejecutivo intenta a través de estas 'crisis' de Gobierno ideologizar con sus declaraciones. En la entrevista en sí en el periódico inglés, Alberto Garzón retrata una imagen de España alejada de los estándares europeos, con expresiones como que Francia, Reino Unido y Alemania están más avanzados en materia animal e incluso de conciencia ambiental. Lo que se le cuestiona a este miembro del Ejecutivo no es tanto el desliz sino la reincidencia en criticar un modus vivendi de una parte de la sociedad. Es legítimo que un político cuando alcanza el poder quiera imponer su visión, pero hay que recordar a esa parte del Gobierno que no son mayoría y por lo tanto no ostentan la legitimidad suficiente para que sus socios aguanten carros y carretas.

Porque el error de Garzón en el que incurre permanentemente es utilizar su posición de ministro de España para plantear debates no en el Parlamento -que sería su lugar- sino en foros donde la acción del Gobierno es poco eficaz y edificante. Además, en esta ocasión la polémica transciende fuera de nuestras fronteras y pone en la picota al sector cárnico, que más allá de la idoneidad de las instalaciones cumple con una normativa exigente otorgada y amparada por el Estado y la Unión Europea. Por eso Garzón debe reconocer su limitación a la hora de airear ocurrencias y esforzarse en consensuar medidas con los profesionales y afectados para fomentar la ganadería extensiva, apoyar a los pequeños ganaderos y dejar la crítica a un lado para trabajar en cambiar los problemas     ue afectan al campo. 

Como, por ejemplo, con los que se encuentran los consumidores con el precio de la electricidad, el gas o el combustible, en definitiva, con un Índice de Precios al Consumo (IPC) desbocado durante meses y muy por encima de la media de esos países europeos a los que invoca como modelo. Esa sí que es una realidad de 'mala calidad' que está sufriendo la sociedad en estos últimos meses y por la que curiosamente no ha comparecido para dar las explicaciones oportunas en el Congreso de los Diputados.