MIS RAZONES

Pilar Gómez


Sin plan y sin vacunas

12/04/2021

Un galimatías dentro de un laberinto. Así aparece estos días el horizonte de la pandemia. Un bosque de dudas, un océano de incertidumbres. Se pensaba que, ya por la cuarta ola, el ritmo de la vacunación se habría acelerado, empezarían a quedar fuera de peligro la población de más edad y hasta hubo espíritus optimistas que divisaban una cierta esperanza de cara a la temporada estival.
Todo se ha venido abajo. O al menos, el escenario más deseado, como el que anunciara el presidente del Gobierno cuando aseguró que hacia finales del verano dispondríamos de casi 90 millones de vacunas, una cifra a todas luces desmesurada si se piensa que Alemania, para esas fechas, contará con  cinco millones menos para el doble de población.
Nuestro plan de vacunas marchaba lento y a trompicones. Tiempo atrás, Sánchez había prometido inocular a todos los mayores de 80 años antes de abril. Nada hay de eso. Hay avances y frenazos pero la evolución es lenta. Lo más grave, con todo, viene de fuera. Confirmado que Bruselas negoció en forma ineficaz el contrato con los laboratorios suministradores, una muestra palmaria del nivel de la gente que dirige la gran nave europea, ocurre ahora el enorme contratiempo sobre la firma AstraZeneca, la que en mayor cantidad ha adquirido la Unión Europea y, por ende, la mayor proveedora del mercado español. Han surgido problemas de rechazo, de trombos, incluso de fallecimientos. Asuntos que saltan a los medios informativos sin que se expliquen desde una perspectiva científica. En Madrid ha habido una deserción masiva de ciudadanos convocados a la inyección salvadora.
¿Y esto cómo se arregla? De entrada, con información y transparencia. De poco vale que Sánchez desde África insista en que el plan sigue adelante y aquí no pasa nada. Evita siempre dispensar un trato de adulto a la sociedad. Opta por el engaño, la trampa, la adulación. A estas alturas, la mentira nada tranquiliza. Lo que inquieta es escucharle sus promesas imposibles, sus anuncios irrealizables.
La vacuna es la única vía a la solución del mal que sacude al planeta. De momento, en nuestro país, el barco de la salvación atraviesa una tormenta descomunal. Confiemos en que se evite el naufragio.