Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


¿Cómo no se va a vaciar?

16/04/2021

Me refiero a lo que ahora llaman ‘la España vaciada’. Esa España en la que más de la mitad de sus pueblos alberga a menos de medio millar de habitantes; en la que su población está en edad de jubilación; en la que ya no se recuerda cuando nació el último niño; en la que la escuela, si existe tiene tan pocos alumnos, que a lo más numeroso que pueden jugar es al solitario y en la que unos días se corta la electricidad y otros la señal del móvil.
Sin embargo es también esa España en la que aún pueden ir los niños por la calle sin temor a casi nada; en la que la campechanía hace que vecino sea sinónimo de amigo; en la que nadie está solo por muy pocos vecinos que haya… en la que se ensanchan los pulmones al mismo tiempo que el alma y el reloj da las horas más pausadas; en la que, para que lleguen las cartas a su destinatario no es necesario poner calle ni número.
Con todo, el resultado de la ecuación es favorable al abandono, a buscar la aglomeración en vez del espacio libre. La economía prima sobre la tranquilidad y sacrificamos el cielo azul ‘sin boina’ en aras a unas mejores oportunidades laborales y de educación para nuestros hijos.
Quizá este proceso sea inevitable, pero tampoco se ha hecho mucho por amortiguarlo. Hace solamente cincuenta años resultaba impensable vivir en un lugar y trabajar para otro que distará más de diez o veinte kilómetros. El trabajo era presencial en su práctica totalidad y las carreteras tampoco permitían la agilidad de traslado de las nuevas autovías en vehículos con consumos realmente reducidos. Para nuestra suerte, muchas de estas circunstancias han mejorado, pero aún queda mucho camino si se quiere volver a oír el griterío de nuestros niños un día de diario en la plaza de uno de estos pueblos.
Hay aspectos en los que nuestros pueblos siguen con la misma estructura que en 1833, cuando Javier de Burgos hizo la división provincial actual. En España hay una carencia casi absoluta de infraestructura administrativa intermedia. Pasamos de la provincia al municipio sin prácticamente entidades intermedias. El número de municipios es prácticamente el mismo desde tiempo inmemorial, cuando es obvio que poblaciones de cien, quinientos ni mil vecinos pueden sostener unos servicios administrativos a la altura y con la complejidad que los tiempos requieren. Hay todavía en España municipios, que tienen su propio Ayuntamiento, con dos, cuatro, cincuenta y cien vecinos. Obviamente no resultan sostenibles bajo ningún punto de vista.
Creo que merece la pena y se puede, esto sí se puede, incentivar que nuestros pueblos vuelvan a poblarse, pero para eso no es suficiente ni con una frase ni con buena voluntad. Es necesario, como para todo, en primer lugar un estudio de las necesidades de todos los tipos, empezando por la reestructuración del número de entidades y su nivel de competencias y después infraestructuras. Es necesario poder ver un partido de fútbol entero sin sufrir mil cortes en el suministro eléctrico. No es necesario un colegio en cada caserío, pero sí el transporte que les haga viables por el número de escolares. Estoy seguro que cualquier esfuerzo en esta línea será rentable. Viviremos mejor y nos lo ahorraremos en psiquiatras.