En el Camino

Enrique Sánchez Lubián


«Gracias por venir»

15/04/2021

Los deberes cívicos son obligaciones fundamentales que todos hemos de asumir para el normal desarrollo del país, contribuyendo a la mejor convivencia ciudadana y al bien común. Convencido de ello, hace unos días recibí la primera dosis de la vacuna anticovid. El proceso duró poco más de quince minutos. Antes de abandonar el nuevo Hospital Universitario de Toledo agradecí a una de las profesionales sanitarias la atención y explicaciones recibidas. Ella me respondió con un ‘gracias por venir, que me incitó a una plácida sensación de tranquilidad y orgullo responsable.
A esos sentimientos se sumaron la agradable normalidad y sereno ambiente en que estaba desarrollándose la vacunación, así como el respaldo que con mi acción daba al ingente esfuerzo que los trabajadores y trabajadoras de la sanidad pública están realizando desde hace más de un año para sacarnos de esta dramática encrucijada.
Aunque escribo esta columna a la espera de la investigación de Sanidad tras el fallecimiento de un joven profesor de Toledo días después de ser vacunado y conocidas las últimas inquietudes sobre la preparación de Janssen, sé que vacunándome he dado un gran paso para proteger mi vida, la de mi familia, la de mi entorno más cercano y, también, la de todos nosotros, apostando por la recuperación de la cotidianeidad pre-pandémica y el beneficio colectivo que esto conlleva.
Desde que a finales del siglo XVIII comenzaron a aplicarse las primeras vacunas contra la viruela hasta nuestros días, esta práctica ha salvado millones de vidas en todo el mundo, siendo pilar esencial en las políticas de salud pública para erradicar y controlar la propagación de numerosas enfermedades: poliomielitis, tosferina, difteria, tétanos, gripe, rubeola… Apostar por ella es alinearse con una posición positiva del progreso y del desarrollo. Quizá aún no seamos totalmente conscientes de ello, pero estamos protagonizando uno de esos episodios que en el futuro estarán remarcados al estudiar la historia de la Humanidad. Por eso, la instrumentalización partidista, comercial o conspiranoica de la mayor y más rápida campaña de inmunización afrontada hasta ahora, con sus luces y sus sombras (que haberlas, haylas), no debería quitar un ápice de valor a ese «gracias por venir» con el que hace una semana me despidió aquella enfermera del Sescam