Me la juego

Ana Nodal de Arce


Se ríen en nuestra cara

15/04/2021

Llegados a este punto, tras más de un año conviviendo con un pandemia que nos ha dejado miles de muertos, penurias económicas, hambre de afectos y dolorosas renuncias a nuestras más preciadas libertades, lo menos que se les puede exigir a quienes nos gobiernan o nos bombardean con sus consejos y prohibiciones es ejemplaridad. Pero no, algunos políticos, no todos, doy fe, han hecho de su capa un sayo, se han instalado en un mundo aparte, convertidos con total desfachatez en la elite ajena a aquellos ciudadanos a los que prometieron servir hasta convertir nuestro sistema en una bochornosa imperfección rayana en la desvergüenza.
Atónitos, somos testigos de que, ahora, el que hablaba de casta no perdona los más de 5.000 euros mensuales como pago a su paso por el gobierno, aunque al resto de los mortales si se van del trabajo no les corresponda ni un euro de indemnización. Otros se aferran al poder, se cambian de partido en función de sus propios intereses personales o se van al limbo, como el concejal no adscrito de Toledo, que se presentó por Vox y ha caído en brazos del tolonismo. Y esa frivolidad le lleva a apoyar una tele local para mayor gloria de un equipo de gobierno cuyos logros no ocuparían ni un minuto en un informativo. No es una broma, que Tolón y los suyos quieren su Gran Hermano, aunque sea en el Cerro de los Palos, su serie de suspense, basada en Vega Baja,  y su particular tertulia, con asistencia de avezados seguidores de la doctrina instaurada en la Casa Consistorial y presentada por su particular Jorge Javier Vázquez, un meritorio que ahora deambula por las redes.
Y luego está Page. Mientras cierra las fronteras de su tierra para velar por la salud pública, eso dice, se sirve de sus privilegios para volar rumbo a Canarias, con la excusa de no sé qué tarjeta cuando aquí no funciona ni el teléfono para que te llame el médico de cabecera. Me hubiera gustado que el presidente de mi región hubiera disfrutado de los encantos de su tierra lo fines de semana o hubiera  denunciando, junto a sus paisanos de la cabecera del Tajo, la tragedia de un trasvase que ha causado la muerte de nuestro río. Pero no. Page hace tiempo que está desdibujado y ha perdido esa frescura que le llevó a conquistar el Palacio de Fuensalida. Tal vez ahí está el problema, que no ha sabido gestionar ese aluvión de votos potenciando sus cualidades, sino que, sobre todo en esta época de pandemia, se han destapado sus carencias. Quizá los halagos le han cegado, alejándole de esos ciudadanos que le dieron generosamente una mayoría absoluta. Que no, presidente, que no es el momento de hacerse una foto con la figura típica del enano de La Palma, ni de que los socialistas palmeros aleguen que ha sido un viaje de trabajo porque en un fin de semana no se puede hacer turismo. Lo dirán ellos. ¿En qué mundo vive, señor presidente? ¿No sabe cuántos castellano-manchegos han renunciado a abrazar a los suyos, a acercarse a su segunda residencia, aún a riesgo de ser ocupada, a disfrutar de encuentros añorados porque están más allá de la Comunidad que usted ha perimetrado? Reconozca sus errores, pida disculpas y acepte un consejo, querido presidente: disfrute de los cielos de Toledo, que son más hermosos que los de Canarias. Dónde va a parar.