EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


El cabo Cobos

15/04/2021

Recibes una llamada en el móvil donde te sale un número larguísimo de centralita. «Buenos días, soy el cabo Cobos», te dice el interlocutor, «le llamo para citarle para la vacunación de Covid», tal día, a tal hora y en tal sitio. Al menos en Albacete, el cabo Cobos se está haciendo famoso por sus llamadas a quienes hoy ya tenemos cierta edad, partiendo de la edad de los que vinieron al mundo el año en el que John F. Kennedy tomó posesión como presidente, el mismo año en el que ‘The Beatles’ actuaron por primera vez en el ‘Cavern Club’ de Liverpool, o ‘Tíovivo’ publica la primera página de ‘13 Rue del Percebe’, que ya son años.
Creo que sí, pero la verdad es que no sé si en realidad el apellido del cabo que llama es Cobos o parecido. Pese a la duda, yo lo dejo así, como cabo Cobos, ya que la paronomasia biensonante entre ambas palabras me viene al pelo para la redacción de este texto.  
Solo tengo que reprochar al cabo Cobos el hecho de que, en sus llamadas, en vez de empezar presentándose, diciendo que «soy el cabo Cobos», debería iniciar la conversación manifestando primeramente el objeto de su llamada; «le llamo por el asunto de la vacuna Covid», y proceder luego a su presentación como cabo Cobos. Lo digo porque la llamada del cabo Cobos ha dado más de un susto a quienes en el preciso momento de la llamada tienen a algún familiar viajando por las carreteras y, en tal caso, que te llame un cabo ha provocado algún que otro vuelco de corazón instantáneo, pensando que se trataba de un cabo de la Guardia Civil dispuesto a darte una mala noticia.
Por lo demás, la encomiable labor del cabo Cobos en la lucha contra la pandemia es digna de admiración y reconocimiento. Sobre todo, porque la vacuna para la que te cita es la de AstraZeneca y personalmente, como dice Ignacio Varela en su magnífico artículo en El Confidencial, «Si me llaman mañana para inyectarme AstraZeneca, lo celebraré doblemente: como enfermo potencial y como pagador de los impuestos con los que se financia esta campaña de salvación nacional». Todo ello después de resaltar que la probabilidad de una muerte a causa de esa vacuna es muy inferior a la de un accidente mortal de avión, de coche o de bicicleta y que por cada millón de vacunados con AstraZeneca se evitarán 120.000 contagios, 4.100 ingresos hospitalarios y 800 muertes.
Pese a la psicosis colectiva expuesta por Varela, «que tiene mucho que ver con la torpeza de los políticos, con la ignorancia de la población y con una guerra comercial salvaje en torno a un negocio en el que se juegan centenares de billones de euros», ruego para que la vacuna de AstraZeneca, por proceder de la Universidad de Oxford, además de la inmunidad contra el coronavirus, sirva también para combatir el virus de la estupidez y la ignorancia.