BAJO EL VOLCÁN

Juan Bravo


Madrid: el espectáculo está servido

12/04/2021

El tristísimo espectáculo que desde hace una década viene ofreciendo Cataluña, sólo tiene parangón con el que está dando Madrid. La forma intempestiva con la que Ayuso ‘Superstar’ ha puesto a la comunidad en el disparadero, en un momento en que la pandemia debería ser la preocupación esencial para todos, aunque especialmente para los políticos, preocupa y mucho al ciudadano medio, que es el que cada día se levanta, coge el coche, el metro o el autobús y se dedica a tirar buenamente para adelante.
El vergonzoso espectáculo ofrecido, el pasado miércoles en Vallecas, por Abascal y los suyos recibidos a pedrada limpia por un numeroso grupo de vallecanos intolerantes que se sintieron agraviados por la extrema derecha, con la policía de por medio, anuncia lo que Ayuso y los suyos han programado como la ‘Batalla de Madrid’, con un lema impropio de gentes de esta época como es el de Comunismo o libertad, que nos retrotrae a tiempos pretéritos que muy pocos quisieran que se repitieran.
Hace tiempo que en esa Comunidad se pisaron todas las líneas rojas que fijan los límites del espíritu democrático y de la democracia en sí. De la misma forma que el odio inoculado en Cataluña ha creado un abismo de convivencia entre quienes se sienten españoles y quienes aborrecen lo español; de modo parecido, en la Comunidad de Madrid, cuyo gran pecado es el hecho de sentirse ungida, el odio acumulado ha establecido un abismo entre rojos y fachas, empeñados en no superar el pasado y en vivir en medio de una dinámica perversa que puede estallar en cualquier momento.
Desde el ‘tamayazo’ acá –y de eso hace ya casi dieciocho años–, la derecha madrileña hizo como lema propio el ‘No pasarán’ de los republicanos en la Guerra Civil, y, pese a la desastrosa trayectoria de los sucesores de Leguina (véanse el lamentable final de Ignacio González en 2015, o el más bochornoso aún de Cristina Cifuentes en 2018), ha realizado el ‘milagro’ (pues cómo no denominarlo tal) de seguir en el poder a base de pactos con Vox y Ciudadanos, y, sobre todo, creando –siempre siguiendo el mismo molde– un nuevo prototipo de mujer populista, perfectamente teledirigida por ese maestro, experto en Bernard Shaw, que es Miguel Ángel Rodríguez. Hasta hace bien poco casi nadie conocía a la señora Ayuso. Perdió las elecciones ante el socialista Ángel Gabilondo, catedrático de Metafísica y rector de la Complutense, pero, con esa capacidad de la derecha para aglutinar amores, odios y perfidias, Ayuso ganó la presidencia de la Comunidad compartida con Ciudadanos. Desde el primer día su política fue diáfana y de una simplicidad apabullante: decir y hacer lo contrario de Pedro Sánchez, repetir una y mil veces «aquí estoy yo», y sentar el lema ‘libertad’ en algo tan simple como permitir que bares y restaurantes se abrieran cuando no sólo en el resto de España y de la mayoría de los demás países europeos cerraban para combatir los contagios. Y eso por no hablar del ‘turismo de borrachera’.
Convertida ya en la más ‘chula del barrio’, que decía Sabina, aprovechó la coyuntura de Murcia, donde de nuevo se repitió el ‘tamayazo’, para convocar elecciones en plena pandemia, cuando meses antes había puesto de chupa de dómine a los catalanes por hacer lo mismo. Siempre con su carita de niña buena, siempre diciendo no, como la ‘Poupée’ de Polnaref, siempre sacando rédito al odio acumulado de amplísimos sectores de Madrid contra el Socialismo y el Comunismo mal entendidos, el resultado está aquí: un Madrid dividido al 50% y en el que se prepara un combate sin tregua, en un país donde la ambición por el poder hace tiempo que sobrepasó todos los límites de la decencia. Y pensar que hay políticos que todavía se atreven a decir que están al servicio de la ciudadanía. Ciudadano, democracia, la de mentiras y canalladas que se perpetran en tu nombre. Los ciento y pico muertos diarios por Covid es un mínimo tributo que hay que pagar a estos manipuladores de la ‘cosa pública’. Como decía, el espectáculo está servido.