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Enrique Sánchez Lubián

En el Camino

Enrique Sánchez Lubián


Yolanda Díaz se manifiesta

16/09/2021

La vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, ha prologado una nueva edición del Manifiesto Comunista y la caverna patria se ha sulfurado. Cayetana Álvarez de Toledo ha pedido al grupo parlamentario del Partido Popular que registre en el Congreso de los Diputados una pregunta dirigida a la también ministra de Trabajo para que justifique su «apología de una consigna política que ha causado cien millones de muertos». Pienso que esta iniciativa ejemplariza la actitud de quienes gustan tomar la parte por el todo, tratando de eclipsar, en este caso, la importancia que desde su publicación en 1848 este ensayo socioeconómico de Marx y Engels ha tenido en la historia contemporánea como base teórica para el desarrollo del movimiento obrero internacional y origen de los partidos socialistas y comunistas.
Por su trascendencia, el Manifiesto está registrado en el programa ‘Memoria del Mundo’, promovido por la UNESCO para garantizar la preservación y acceso a la herencia documental de la humanidad, junto a obras tan notables como la Declaración de los Derechos del Hombre y de los Ciudadanos, la Novena Sinfonía de Beethoven, el Tratado de Tordesillas (1494) por el que España y Portugal se repartieron el Nuevo Mundo o la película El mago de Oz. Pese al tiempo transcurrido desde su aparición, continúa siendo unos de los libros más vendidos en todo el mundo, no decayendo ese interés con los años.
Además de resaltar el valor transformador que aún mantiene como clave interpretativa para «pulir y retocar, una y otra vez, nuestra visión del mundo y de las cosas», la vicepresidenta Díaz celebra en su texto que esta reedición coincida con el centenario del PCE considerando tal circunstancia como un acto de ‘memoria y redención’. Frente a cuantos defienden la desideologización de la gobernanza política como mejor garantía de efectividad para la gestión, reconforta pensar que aún hay quienes no dudan en reivindicar sus principios ideológicos, máxime cuando desde hace tiempo vivimos en España la simpar paradoja de que mientras cierta derecha se muestra cada vez más desacomplejada en su radicalidad, parte de nuestra izquierda parece sentirse ‘obligada’ a pedir perdón por expresarse, por gobernar, por cada avance social que propone y, ahora, hasta por recordarnos aquello de ‘proletarios de todos los países, uníos’.