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"La corrupción se está convirtiendo en un espectáculo grotesco"

Jaime Ortega Carrascal (EFE)
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En esta "tercera vida" -ha superado un cáncer y estuvo a punto de ser asesinado-, el exministro de Salud pretende dar un vuelco al país desde la Presidencia con un plan social con el que dar más oportunidades a los jóvenes y a los más mayores

"La corrupción se está convirtiendo en un espectáculo grotesco" - Foto: EFE

Alejandro Gaviria, uno de los precandidatos del centro para las elecciones presidenciales de Colombia, asegura que la corrupción se ha convertido en un «espectáculo grotesco» que involucra a toda la sociedad y que para combatirla hay que «entender el Estado y sus complejidades». «Tengo esta idea de que el presidente impone un tono ético en la sociedad, que la confianza es importante (...) que si tratamos a todo el mundo de corrupto eso termina haciendo daño. Creo que la corrupción se está convirtiendo en la vida política, en el periodismo, en una especie de espectáculo grotesco; tenemos que sacarlo del espectáculo y volverlo política seria, eso es lo que yo quiero hacer», afirma.

Gaviria, de 55 años y exministro de Salud en el Gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018), dejó el cargo de rector de la prestigiosa Universidad de los Andes para buscar la Presidencia y se sumó a la Coalición Centro Esperanza, que el 13 de marzo, día de las elecciones legislativas, escogerá también entre seis nombres a su candidato.

¿Por qué dejó la academia para aspirar a la Presidencia?

Porque en el fondo yo tenía una trayectoria muy larga como funcionario y si se quiere como investigador, enfocada en los problemas fundamentales de Colombia: en la desigualdad, en la inseguridad, en la violencia, en la educación y en la salud, y mi vida había sido opinar sobre estos temas.

En una coyuntura crítica como la que vive Colombia, y después de una invitación de la sociedad civil, de estudiantes, de jóvenes, haber dicho «no» para mí era una evasiva, una forma de ser incoherente con lo que yo les decía a los estudiantes que había sido mi vida.

 

¿Qué ofrece al electorado que lo haga diferente de los otros aspirantes?

Voy a decir cuatro virtudes de liderazgo que creo que tengo que son importantes en este momento de Colombia.

La primera es la capacidad de unir a Colombia, a quienes piensan distinto. Muchos candidatos quieren, para ganar, dividir, yo creo que eso les va a impedir gobernar. El próximo presidente va a tener que gobernar con personas que piensan diferente, va a tener que tener un gabinete representativo de todas las fuerzas políticas, si no lo hace así, las reformas que necesita Colombia no se van a poder hacer.

Segundo, mi vida pública y en lo privado ha estado caracterizada por lo que yo llamo una decencia de honestidad básica que contagia, que no quiere politizar la moral.

Tercero, me gusta decir la verdad, no me gusta la demagogia, prometer lo que no pueda cumplirse. Y también, como lo demostré como ministro en la lucha con las farmacéuticas, el valor y el coraje para enfrentar oligopolios y poderes que impiden el cambio social.

¿Las diferencias con Íngrid Betancourt por el tema de los apoyos políticos, que la llevaron a abandonar la Coalición Centro Esperanza, le hicieron daño a esa alianza?

Yo creo que sí porque mostró una incapacidad de la coalición de ponerse de acuerdo. Desnudó, lo voy a decir de manera clara, cierta incoherencia. Nosotros estábamos hablando de unión y no estábamos siendo capaces de practicar al interior lo que predicábamos al resto del país.

¿Cuáles serán sus programas bandera si llega a la Presidencia?

Voy a resumirlo en cuatro. El primero tiene que ver con el sistema pensional que excluye al 80 por ciento de la gente, crear una pensión ciudadana de 400.000 pesos (unos 90 euros) para todos los mayores de 65 años que no tengan acceso a una pensión.

El segundo plan está asentado en oportunidades para los jóvenes, el programa más audaz de capacitación para el trabajo en la historia reciente de Colombia con 1,5 millones de jóvenes capacitados cada año y con un subsidio para que puedan estudiar. Además, un programa muy ambicioso de parar la deforestación y un programa de desarrollo para la transformación productiva de Colombia que incluya: la agricultura sostenible, el turismo, las energías renovables o la transición energética, las industrias culturales, y los servicios humanos.

¿Cómo pretende controlar la corrupción si es elegido presidente?

Tengo tres ideas concretas. La primera es que si uno quiere combatir la corrupción de verdad, necesita entender los problemas del país, entender el Estado en su complejidad y sus programas.

Lo segundo son transparencia y datos. Yo me imagino al próximo presidente de Colombia con una base de datos de todo el sistema de contratación casi en línea.

Y lo tercero es recuperar la cultura ciudadana de moralizar la política, de entender que la corrupción no solamente afecta a unos funcionarios sino que es un problema de toda la sociedad.

¿Si es elegido presidente, cambiará la política para luchar contra las drogas?

Primero, cambiaré el discurso de Iván Duque sobre las drogas, que ha sido terrible, le ha hecho daño al país, le ha quitado la confianza a la Policía, ha distraído recursos que se necesitan a otros temas.

Creo que debería haber un debate en Colombia sobre la «regulación distinta» o legalización del cannabis de uso adulto. Diré desde el primer día que la discusión sobre las fumigaciones (de cultivos ilícitos) con glifosato están cerradas, plantearé que las 130.000 familias cocaleras tienen que tener proyectos productivos y trabajaré con la comunidad internacional para desmontar las organizaciones criminales.

¿Retomaría las negociaciones de paz con el ELN y con las disidencias de las FARC?

Con el ELN yo retomaría una historia que comenzó en el año 2016, me parece que se puede hacer un último intento. El Gobierno sueco ha venido promoviendo unas negociaciones, pero el Ejecutivo colombiano se ausentó hace algunas semanas sin sentido de esas negociaciones.

Me parece que si uno es serio con el tema del ELN tiene que meterle a esa negociación otro tema, que es el tema de Venezuela. No tiene ningún sentido que los Ejércitos y la fuerza pública en Colombia y Venezuela ni siquiera se comuniquen para combatir la inseguridad en la frontera.

Con las disidencias de las FARC y con el Clan del Golfo la situación es distinta y uno lo que tiene que plantear, más que negociaciones, es una política de sometimiento.

Usted es un superviviente del cáncer...

Del cáncer y de la violencia, estuve a punto de ser asesinado en Medellín en el año 1989. Esta es mi tercera vida.

¿Esas circunstancias han cambiado su manera de ver la vida y la política?

Sí, mucho. La enfermedad lo cura a uno de muchas cosas en su vida, a veces de ciertas formas de arrogancia, lo acerca más a uno a lo esencial; creo que le enseña a uno que la política tiene muchas veleidades pero que lo que va quedando en la vida es el aprecio y el afecto de las personas que uno quiere.