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Layos arranca el olmo, símbolo del pueblo, tras quedarse seco

J.M.
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El Ayuntamiento ha retirado el ejemplar de más de 300 años durante la reforma de la plaza. La Diputación evaluó hace ya dos años que el árbol estaba sin vida

Layos arranca el olmo, símbolo del pueblo, tras quedarse seco

El olmo de Layos ha desaparecido. El árbol y tótem que figura en el escudo de este municipio de 800 vecinos llevaba al menos dos años sin vida, pero el Ayuntamiento había demorado una decisión irremplazable. Así, a finales de la semana pasada y durante la reforma de la plaza, los layeros despidieron al símbolo de la localidad.

«Era peligroso», explica a este diario el alcalde, Rafael García, Patos, quien recibió hace dos años la confirmación por parte de un técnico de la Diputación de que el olmo de más de 300 años de antigüedad estaba muerto. Seco. «No tenía raíces», comprobó el regidor durante la retirada.

El Ayuntamiento de Layos mimó el ejemplar durante años. Por ejemplo, en 2015, se gastó 2.300 euros en el mantenimiento, con una poda especial cada año para que resistiera el paso del tiempo. Pero claudicó. «Hemos hecho por él todo lo que hemos podido», lamenta el alcalde, que aún no se ha decidido por la especie de relevo.

Layos arranca el olmo, símbolo del pueblo, tras quedarse secoLayos arranca el olmo, símbolo del pueblo, tras quedarse seco - Foto: David Perez«Se mantiene así porque todos los años hacemos lo que haga falta», decía ya a este diario el alcalde en 2016 sobre un árbol a cuya sombra se recogían en verano los vecinos de Layos. Ya no.

El ejemplar se encontraba en el centro de Layos, pegado a la calle Real, junto al palacete de Los Condes de Mora y la iglesia Santa María Magdalena. Y junto a la carretera que comunica la ciudad de Toledo con la comarca de los Montes. Se trataba de un árbol extraordinario; no en vano, la ONG Bosques sin Fronteras, en colaboración con la Fundación Biodiversidad, reconoció en 2010 a siete árboles y bosques por sus cualidades sobresalientes, entre los cuales se encontraba este de la provincia. Por ello, figuraba entre las seis visitas obligadas en Layos, junto con el embalse de Guajaraz, la iglesia, el campo de golf, el Ayuntamiento y el palacio de Los Condes de Mora

El olmo formaba parte del escudo de Layos, incluida la escalera de tres peldaños que permite asomarse a este pedazo de la historia local, el lugar.

«Árbol de la familia de las ulmáceas, que crece hasta la altura de 20 m, con tronco robusto y derecho, de corteza gruesa y resquebrajada, copa ancha y espesa, hojas elípticas o trasovadas, aserradas por el margen, ásperas y lampiñas por el haz, lisas y vellosas por el envés y verdes por ambas caras, flores precoces, de color blanco rojizo, en hacecillos sobre las ramas, y frutos secos, con una semilla oval, aplastada, de ala membranosa en todo su contorno, verde al principio y amarillenta después, de rápido desarrollo, que abunda en España, y es buen árbol de sombra y de excelente madera». Así define la Real Academia Española al olmo. Y así fue el de Layos.