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Pedro Carreño

La Ínsula

Pedro Carreño


Las Sierras

26/04/2022

Cuando me llaman -o soy mentada-, siempre lo hacen en plural. Yo, educadamente, también respondo del mismo modo. En plural. Así me reconozco y también a mis vecinos, quienes tienen la costumbre de citarme como si fuéramos muchas. Me gusta pensar que, cuando se refieren a mí en plural, lo hacen para hacerme aún más grande en su cariño y corazón.
Asumido lo mayestático, nos congratulamos y enorgullecemos cuando nos mencionan en plural. Y en esos términos les hablaremos a partir de esta línea. Especialmente, para mis paisanos de los pueblos que abrigamos, y de nuestro cercano y querido centro geodésico.
Para los que no nos conozcan, les diré que somos el coletazo de Los Montes de Toledo en su lado oriental, y hacemos linde con Ciudad Real. Un orgullo que nos hace manchegas por las cuatro laderas. Nos jactamos, además, de vertebrar y capitular en la tierra más llana.
Ni que decir tiene que no somos el Himalaya, pero nos da igual. Presumimos de lo que somos. De nuestros montes, de nuestros arroyos y de los animales que cobijamos. El corzo, el ciervo y el jabalí son nuestro trofeo y velamos por ellos. También mimamos a la perdiz roja, a la liebre, al conejo y al zorro. Y a veces, por el cielo que nos da de beber (pero no con la frecuencia que quisiéramos), cruzan águilas imperiales, buitres negros, algún halcón y, por supuesto, búhos y lechuzas.
Y porque estuvimos a punto de perderlo, reservamos este párrafo a nuestro querido lince ibérico. El más listo y espabilao de los felinos.
Olemos a romero y a lavanda. Nuestra piel está tatuada de zarzas, de rosales silvestres, de jaras y genistas. Cuando llega la primavera, las gentes vienen a las veredas. También, para a ver correr los arroyos que nos atraviesan, aunque eso no pasa siempre. Cuando lo hacen, es una alegría contemplarlos. Hemos saciado el gaznate de muchos romeros, pastores, cazadores, agricultores, senderistas, carlistas y maquis. Incluso de bandoleros.
En primavera, como en estos días, también perfumamos el aire de mayo con aroma de hornazo. Es cuando recibimos a más personal, y estamos más en boca de todos. Vienen a disfrutar y a cumplir con nuestra patrona, la Virgen de Valdehierro, y visitar su ermita.
A mis vecinos les gusta visitarnos el primer día de mayo. Ese día saludamos a familias enteras, cuadrillas de amigos, músicos, jóvenes, adolescentes, pensionistas y jubilados, carnívoros y veganos, propios y extraños. Unos comen, beben, cantan y duermen lo que les da la gana. Y a otros, les da por andar. Por subir a Mingoliva, o marcarse una de las rutas que ofrecemos. La de Castrola, la del Chopo Centenario o de la Fuente de Umbrión.
Ahora, los paisanos y forasteros nos visitan con sus coches potentes y tuneados. Con sus cuatro por cuatro, con sus motos de alta cilindrada, con sus quads, o con sus bicis motorizadas. Disfrutan igual que lo hicieron los que antaño venían a pie, en carromatos de mulas, o en tractor. A todos les hemos ofrecido siempre lo mejor que tenemos: nuestra proximidad y naturaleza.
Si usted, lector, viene a vernos este uno de mayo, le pedimos que nos cuide. Aquí le esperamos como siempre, y estaremos encantadas de su visita.
Firmado: Las Sierras. Servidora suyas.

ARCHIVADO EN: Toledo