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La energía marca la diferencia

Carlos Cuesta (SPC)
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Las grandes potencias económicas que disponen de materias primas como petróleo, electricidad y gas imponen su liderazgo en el mercado internacional

La energía marca la diferencia

Los acontecimientos de las últimas dos semanas con la invasión rusa de Ucrania han protagonizado una escalada en los precios de la energía que han puesto a la electricidad y el gas en máximos históricos y el petróleo en cifras que no se recordaban desde la pasada crisis de 2008.

Los expertos económicos aseguran que, actualmente, lo que marca la diferencia entre las potencias más fuertes del resto son los recursos naturales que tienen en su haber, especialmente, en materia energética. El hecho de que una nación no tenga que depender del exterior a la hora de abastecerse de fuentes como luz, petróleo o gas natural le dan una gran ventaja económica a la hora de competir en los mercados internacionales.

Existe un grupo de países con una enorme disponibilidad de recursos naturales que han sido capaces de gestionar bien los ingresos económicos que les han revertido en su crecimiento y, además, han modernizado y transformado sus economías y la renta de sus habitantes. Naciones como EEUU, Canadá, China, India, Australia, Rusia, Brasil, Sudáfrica o Arabia Saudí acaparan una parte importante de las reservas mundiales.

De ellos, solo entre Canadá, Australia, Rusia, Brasil y Sudáfrica controlan activos en materias primas por un valor próximo a los 60 billones de dólares, en una extensión de tierra equivalente al 29% del total y copan, de media, entre el 25% y el 50% de la producción mundial de los metales y minerales más importantes, con apenas el 6% de la población mundial.

Por el contrario, la dependencia de las materias primas en Sudamérica es total, lo que significa que más del 60% de sus importaciones las constituyen productos agrícolas, minerales y materias energéticas, según un informe de la Agencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD).

En la Unión Europea, estamos observando que, por el hecho de no haber puesto en práctica una política energética sería en las pasadas décadas, dependemos del petróleo, gas y los cereales de Rusia y Ucrania lo que ha provocado que con el último conflicto bélico estemos atravesando una situación económica difícil que puede desembocar en un desabastecimiento y una paralización parcial del sistema.

En este contexto, tanto el tejido productivo español como los hogares llevan tiempo demandando al Gobierno una política energética a largo plazo que garantice unos costes energéticos y de materias primas asumibles para que las empresas puedan ser competitivas.

Competencia

Las grandes corporaciones españolas que cuentan con fábricas repartidas por todo el mundo denuncian que no pueden competir, ya que, por ejemplo, el coste de la electricidad en países como Francia puede ser un 60% más cara para la industria de España e, incluso, el 20% más alto que en Alemania, según la Asociación de Empresas con Gran Consumo de Energía (Aege), por lo que la única forma de hacer frente a estas economías es gracias a que en España los costes laborales son más bajos para equilibrar la balanza.

Se trata de una asignatura pendiente en la que hay que decidir ya si se quiere estar entre los países líderes y, si bien es cierto que el proceso de la transición energética se ha acelerado en los últimos años con fuentes renovables, fotovoltaicas o, por ejemplo, solares, la realidad es que aún faltan políticas decididas y grandes inversiones a futuro.

La velocidad a la que avanzan las fuentes renovables en España es demasiado lenta frente a los precios de los carburantes que se acercan a los dos euros el litro y la electricidad que alcanzó esta semana el pico de los 700 euros el megavatio. Si bien, la responsabilidad puede estar en la guerra rusa, esto no estaría pasando si el país tuviera nucleares como Francia o sistemas alternativos.