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Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


García-Page defiende lo suyo

21/09/2022

Más que un 'verso suelto' el presidente de la Junta de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page es un 'Pepito Grillo' del PSOE que no ha ocultado nunca que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no termina de ser santo de su devoción y junto al presidente aragonés, Javier Lambán, se han constituido en la corriente crítica dentro de un PSOE en el que el debate interno está demediado y no es el gran activo del partido. Para los adversarios políticos no hay mejor regalo que intuir o que se demuestre que hay fisuras o grietas en la unidad de sus oponentes y por ahí introducen palancas para hacerlas más grandes y condicionar la vida política el mayor tiempo posible, porque los ciudadanos castigan a los partidos que se miran el ombligo y se entretienen en curar sus heridas internas.  

Todo eso lo sabe el presidente castellanomanchego, avezado político que ha pasado por todas las vicisitudes, y en algunas incluso ha sido un adelantado. Pasó del gobierno a la oposición y cuando recuperó el poder lo hizo de la mano de Podemos, siendo uno de los primeros gobernantes socialistas que sentó a los morados en su consejo de gobierno. En las elecciones siguientes les laminó y consiguió la mayoría absoluta. Cuando a Sánchez le tocó negociar con Pablo Iglesias se opuso todo lo que pudo al acuerdo, pese a que él no tuvo problemas en acogerlos en su seno. Es decir que García–Page sabe que para gobernar es tan importante la política como las matemáticas, que la sumas son las que son, que nadie está por la labor de una gran coalición ni nacional ni en el ámbito autonómico y que la política hace extraños compañeros de cama.   

Como presidente de una de las nueve comunidades autónomas que gobiernan los socialistas, García-Page teme, como todos ellos, que los ciudadanos decidan dar una patada a Pedro Sánchez en su trasero, y más desde que el 'efecto Feijóo' se ha desatado y ha insuflado nuevos ánimos a los populares. Quizá Sánchez se equivoca en la política de ataque frontal a Núñez Feijóo para desprestigiarle y diluir sus posibilidades electorales, pero también yerra el presidente castellanomanchego al salir en defensa de quien es su adversario al reconocer su solvencia, sin explicar en qué materias y en qué momento.  

Es cierto que Page y Feijóo estuvieron de acuerdo en un asunto crucial para ambos, las dificultades que genera no contar con un nuevo modelo de financiación autonómica. Para poner en común las necesidades de las comunidades de la España interior y despoblada se reunieron en noviembre del año pasado en Santiago de Compostela ocho presidentes autonómicos de ambos partidos para formar un frente común a favor de que se diera prevalencia a factores como la despoblación y la dispersión a la hora de financiar los servicios públicos. en oposición a las comunidades que quieren que prime la cantidad de población. Ahí sí, Feijóo es solvente. Pero no lo ha sido en varias de sus intervenciones públicas desde su llegada a la presidencia del PP, con errores de concepto y cifras tergiversadas, que fue lo que le valió la reprimenda de Sánchez en el debate que tuvo lugar entre ambos en el Senado. Y en cuanto a las 'malas compañías' –de los morados a los independentistas catalanes y vascos- que permiten al Gobierno de coalición sacar adelante sus proyectos legislativos, Page tendría que explicar cuál es la alternativa que propone. Sabiendo que los votantes prefieren el original a la copia.