Antonio Pérez Henares

PAISAJES Y PAISAJANES

Antonio Pérez Henares


La pérdida de la libertad

13/01/2023

Durante estas semanas y atendiendo a futuras reediciones de obras ya antiguas he estado releyendo varios textos míos y de otros autores de cuando entonces. Me he encontrado con un tiempo en realidad no tan lejano, aquellos años 80 y 90, y más allá de la personal e inevitable melancolía- de eso, si acaso, ya escribiré otro día- me he topado con algo mucho más amargo que la juventud ya dejada atrás. Lo que me ha abofeteado ha sido la libertad pérdida.
Según leía iba descubriendo que aquello que yo mismo escribía entonces, sin detenerme siquiera a pensar y temer reproche o prohibición y menos aún ejercer autocensura, hoy me pondría en alerta preventiva pues habría de tentarme la ropa y atenerme a las consecuencias si se me ocurriera expresarme así y osar publicarlo. Y no eran artículos de opinión. Eran novelas.
En un breve espacio de tiempo, en un deslizamiento vertiginoso por el hielo de lo correcto y lo debido se nos ha impuesto una atroz e implacable mordaza. Unos abducidos, otros sumisos y, quienes no, amenazados por la exclusión, la sanción y las tinieblas exteriores. En tan solo un par de décadas, y no es privativo de España, aunque pugnamos por ir en cabeza, una reptilesca dictadura, que como todas dice no serlo y arguye que es el por el bien universal y, por supuesto, el nuestro, nos aplasta bajo la premisa que lo que nos imponen es la bondad y la verdad únicas y universales y ellos los sumos sacerdotes, que ahora no te arrancan el corazón, sino que te lavan y te extirpan el cerebro. Es una dictadura cursi, eso también, pero feroz y expansiva todos los ámbitos y rincones de nuestra sociedad y de nuestra vida. Porque se mete y encadena a sus preceptos hasta el último rincón personal. De hecho, su obsesión es perseguir al individuo, a la persona, con el argumento y mantra de la colectividad y el interés general.
Dejo aparte la imposición de los delirios y disparates más alucinantes que se convierten en leyes. Dejo de lado y para otro día la conculcación de los derechos y desprecio más absoluto al pensar y sentimiento, que estimo en muy mayoritario, a cada paso agredido e insultado. Tiempo habrá y lugar donde desarrollarlo que no haya de tener la obligada brevedad de un artículo. Lo dejo para detenerme en la pregunta esencial.
¿Somos ahora, en general, más libres y nos comportamos con mayor libertad que hace dos décadas, que en el siglo pasado? ¿O tenemos miedo y prevención de decir y hasta casi pensar lo que sentimos y creemos? ¿Estamos dejando ovejunamente que nos la arrebaten? ¿O vamos a pelear por ella? Que es sencillo hacerlo. Y podemos hacerlo todos. Sencillamente ejerciéndola. No dejándose intimidar por la censura ni sometiéndose a la autocensura. Con educación y sin voces ni improperios, pero con toda claridad y energía.
Cierto que hay colectivos, algunos muy minoritarios, que podrán jalear y alardear que ellos son ahora mucho más libres. Es justo y era necesario. Y me alegro. ¿Pero es ahora de recibo que desde esos mismos colectivos lo que se pretenda y se consigue es convertirse ellos en los inquisidores e impedir la libertad de expresión y opinión de los demás? El pensamiento totalitario, la opresión y la represión, ha sido revivida y resucitada por ellos. La dictadura son ellos.
Porque y de esto no me apeo, aunque es de lo que quieren apearnos. La libertad es de todos y a toda ampara. Y si no es así, si solo es de unos y para unos, no hay libertad que valga. En este caso y como siempre, en eso no he cambiado. Sepan que yo siempre estaré en el lado de los 'otros'. De aquellos a quienes su ejercicio se les prohíbe. Cuando entonces y cuando ahora.