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«Estoy cómodo con mis creencias, pero no con la Iglesia»

M.G
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Hernán García-Ochoa, el joven sonsecano que leyó un manifiesto en la concentración en repulsa del asesinato de Samuel, cuenta su experiencia, sus luchas porque se normalice su orientación sexual y los cambios que se necesitan acabar con la homofobia

«Estoy cómodo con mis creencias, pero no con la Iglesia» - Foto: David Pérez

Hernán a secas. Sin etiquetas ni rejas. Este joven sonsecano fue el encargado de leer el manifiesto en la concentración que se celebró en la plaza del Ayuntamiento la semana pasada en repulsa por el asesinato de Samuel en La Coruña. Una brutal agresión homófoba que demuestra la escalada de odio y discriminación que sufre el colectivo LGTBI a pesar de los avances normativos. «Si Samuel estuviera vivo seguiría plantando cara a este sistema patriarcal», dijo en voz alta. Por él y por todos los demás, Hernán seguirá peleando por la unión y  la defensa de sus derechos públicamente y a través de su canal de youtube.

Te animaste a participar en la concentración por Samuel y todos quedaron encantados con tu manifiesto. ¿Cómo te sientes  con todo lo que está pasando?

Estos días me he encontrado muy sensible. Bolo Bolo planteó la convocatoria y me pidió que diera el discurso porque había sufrido recientemente una agresión. Y me ha hecho interiorizar mucho más la noticia del asesinato de Samuel e incluso me he llegado a plantear hasta qué punto me arriesgo en mi vida diaria.

Hablas de riesgo. ¿Tienes miedo habitualmente por ser homosexual?

No me lo planteo todos los días, pero sí hay ciertas situaciones que me incomodan y me provocan miedo. Cuando voy por algunos sitios y me encuentro con algunos grupos de personas con comportamientos trogloditas me siento inquieto y pienso que me van a hacer algo. Tengo una manera de vestir distinta a lo que se entiende como socialmente normal y pienso mucho lo que hago porque me gusta pintarme la raya de los ojos, las uñas o llevar mitones y estoy pendiente de si el entorno se siente cómodo o no. También en mi casa, aunque siempre me han dado libertad, tienen miedo por si me ocurre algo o se meten conmigo. Sin embargo, si voy a la universidad o estoy en mi pueblo me siento como en casa porque la gente ya me conoce.

Has sufrido recientemente una agresión homófoba, ¿qué pasó?

Me cuesta ver la importancia de lo que pasó en comparación con otras agresiones. Estaba en un parque con amigas y amigos y cuando nos íbamos a ir a casa dimos una vuelta por el parque para ver el ambiente y pasamos delante de un grupo que conocíamos. El único homosexual era yo y nos tiraron piedras hasta en cuatro ocasiones. Una de ellas dio con una farola y al darnos la vuelta uno dijo que había sido él y siguieron. La última piedra rebotó en el suelo y me tocó el gemelo, pero no me hizo daño, aunque no sé dónde nos querían dar. Cuando terminaron gritaron a pleno pulmón:‘maricón’.  Me cuesta asimilarlo porque ese grupo me conoce aunque no seamos afines.

¿Denunciaste la agresión?

Lo intenté, pero no me atreví. Es el pan de cada día en muchas agresiones homófobas. No es porque no creamos en la justicia, pero nadie nos garantiza después protección. En mi caso, me puse en contacto con Bolo Bolo y con un inspector de policía para denunciar y que contara estadísticamente, pero no con la intención de que hubiera declaraciones y un juicio, pero no era posible y pensé que no merecía la pena. No me veía  fuerte para emprender esta lucha. Quiero pensar que fue una sola vez y no se va a repetir.

¿Has sufrido también alguna agresión, insultos o mofas en el colegio?

Sí, desde pequeño. También mi familia ha sufrido ataques por ser yo gay. He vivido como mi hermana sufría con algunos amigos suyos que se reían de mí por mi forma de vestir. Mi hermano pequeño también ha visto como se reían de mí e incluso una vez en clase intentaron ridiculizarlo diciendo que tenía un hermano gay. Está claro que es un reflejo de la falta de educación. Si todavía es motivo de vergüenza tener un hermano gay, apaga y vámonos.

En casa se lo tomaron bien por lo que cuentas, ¿no?

He tenido mucha suerte y gracias a mi familia soy la persona que soy, con coraje y valentía. Pero es cierto que nadie nace aprendido y ciertas cosas  han chocado mucho por la educación que tienen. Al igual que ellos han dedicado su vida a educarme yo  también lo hago y les digo que algunas ideas no son correctas.

Educación y más educación... Es el camino para luchar contra la homofobia. En el manifiesto planteabas que el propio colectivo LGTBI tenía que ayudar más en esa tarea educativa.

Lo dije porque al ser cristiano y haber estado en grupos religiosos sé lo que piensan y las razones por las que creen que la homosexualidad es un pecado y una enfermedad. Como colectivo tenemos que ayudar porque estamos en nuestro día a día con personas que no lo entienden o no disponen de información.  Hay  que enseñar lo que vives con respeto y sin señalar a nadie. A la gente de mi entorno católico, por ejemplo, también es necesario porque me ha llegado a recomendar terapias de conversión, algo que todavía pasa y es una injusticia de la que nadie es consciente.

Siempre les digo que no soy gay porque lo haya visto en televisión y les he explicado lo que vivía, sentía y he dado argumentos científicos. No pretendo que defiendan la causa, pero sí que empaticen con ella y entiendan que no es una moda ni una enfermedad. En algunos casos, sí lo he conseguido.

A pesar de lo que cuentas llevas un buen crucifijo colgado en el cuello e imagino que sigues siendo creyente y practicante.

Soy cristiano. Estoy muy cómodo y me siento feliz con mis creencias, incluso mi filosofía de vida está muy influenciada por los valores cristianos, pero me siento incómodo cuando voy a la iglesia, estoy con grupos religiosos o salen temas relacionados con la homosexualidad. Me siento aceptado y querido en mi relación espiritual con Dios, pero con la institución no porque siguen condenándolo como una enfermedad.

El otro día comentabas en el manifiesto «que el mundo se resiste a ser inclusivo». Se van consiguiendo avances legislativos a paso lento, pero parece desde hace años que hay un retroceso. ¿Qué está pasando?

Suelo dar la explicación me dijo una mujer del Centro de la Mujer,  una cosa es que acepten tu existencia y se venda el colectivo LGTBIcomo un movimiento social que va a las calles como si fuera una procesión de carnaval, y otra muy distinta es aceptar que estos movimientos quieran cambiar la base de la sociedad mediante la educación y las leyes, y eso enfada. Algunas personas se resisten al cambio porque prefieren seguir ancladas al pasado, y otras por falta de información. Y los primeros se reúnen, hacen fuerza, venden su opinión,  se aprovechan de la desinformación de mucha gente y lo llevan hasta la política. En Europa éramos vanguardistas en temas de derechos feministas y LGTBI, pero el patriarcado nos está haciendo retroceder.

¿Cuánta responsabilidad política hay en la homofobia?

No entiendo mucho de política y no me atrae, pero todo lo que hay en la vida tiene que ver con la política. Y  Vox es el partido que más discursos de odio lleva. Pero, por desgracia, representa parte del pensamiento de la sociedad española, con lo que tampoco podría solucionarse censurándolo. Aunque el día de mañana desapareciera del Congreso, no lo harían sus votantes.

¿Crees que el colectivo LGTBI está tan unido como aparenta?

Quiero pensar que sí, pero depende de muchas circunstancias. En España sí estamos unidos, pero es cierto  que también hay comportamientos entre nosotros que no me gustan y veo necesario reflejarlos para que la gente tome conciencia y se dejen esas tonterías a un lado. En otros países prima que nadie sepa que eres homosexual. El miedo les puede más que la unión.

En la actualidad todavía uno de cada tres países condena penalmente la homosexualidad y hay once que mantienen la pena de muerte.

Por eso, en todos esos países la unión es menos palpable por miedo. Aquí la legislación nos ampara más. Yes una lacra no poder viajar con libertad a cualquier país. Ningún heterosexual se plantea si lo van a encarcelar por serlo y son pequeños privilegios que marcan una diferencia abismal y tienen que ser conscientes para sentirse más motivados para ayudarnos.

¿Tenemos una sociedad demasiado sexualizada?

El tema de la sexualidad hay que tratarlo con cuidado y con mimo y se está vendiendo como algo que al peso y sinónimo de éxito, pero hay que dar el valor que merece, una comunicación entre cuerpos que afecta también a nuestra salud mental, nuestra imagen y nuestra autoestima. Hay que conocerse a uno mismo  para que después saber qué quieres y no en tu vida sexual y afectiva y puedas practicarlo respetando tu salud y la de los demás.

¿Piensas entrar en algún colectivo LGTBI para continuar luchando?

Sí, quiero involucrarme en un futuro para ayudar porque nos hace falta mucha ayuda y en su momento, cuando estaba aceptando mi  orientación sexual me vi muy solo. Y el mensaje que siempre he querido transmitir es que se puede ser creyente y hay que reivindicarlo. Siempre intento vivir unas creencias pero me excluyen y se encargan todos los días de hacerme sentir que no soy bienvenido y me duele mucho.