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Pedro Carreño

La Ínsula

Pedro Carreño


Acacias 59

19/04/2022

Entramos en la semana de Cervantes (también de Shakespeare), y los recordatorios literarios se intensifican a medida que se acerca el 23 de abril, día internacional del libro. De forma modesta, lo que encontrará el lector en las siguientes líneas, es un recuerdo de la huella de Cervantes en Madrid.
De todos es conocida la universal estatua en la recién remozada Plaza de España. O el azulejo que anuncia la calle Cervantes, en el barrio de las Letras. También, su proximidad al convento de las Trinitarias dónde dicen fue enterrado el conocido soldado de Lepanto.
Otros recuerdos del insigne escritor en Madrid, están en tabernas ilustres. Por ejemplo, los azulejos con su retrato en la fachada de La Taberna del León, en la calle del mismo nombre sita en el barrio de las Letras. También, en la calle Echegaray, se esconde la antigua taberna taurina Los Gabrieles. Este lugar –de visita recomendada-, atesora en su interior uno de los más espectaculares conjuntos de azulejos de la Villa y Corte. Destaca el de temática cervantina, que reproduce el conocido episodio de la estancia de Don Quijote y Sancho Panza en el palacio de los Duques.
Pero, quizá, uno de los recuerdos más escondidos y secretos de Cervantes en Madrid, está en el Paseo de las Acacias 59, muy cerca de la calle y Puente de Toledo. Allí se encuentra un edificio que, como mínimo, puede calificarse de curioso ya que su fachada está jalonada con azulejos que representan varios capítulos de El Quijote. En total, casi 150 azulejos. La casa –que sigue habitada, y rehabilitada recientemente-, pronto cumplirá un siglo.
No existe muchos datos sobre el edificio. Parece que se construyó durante la II República, en un barrio que en aquella época no era precisamente residencial, como es ahora, sino una zona muy marginal separada de los barrios meridionales por la vía del ferrocarril, que unía las estaciones de Atocha y Príncipe Pío.
Hasta principios del siglo pasado, allí se localizaba un poblado chabolista, al que se le llamaba el Barrio de las Injurias. La única comunicación de este barrio con el centro de la ciudad era el puente que cruzaba la vía en la confluencia del paseo de las Acacias con el Paseo de los Olmos, en la que ahora es la plaza de Ortega y Munilla.
En la fachada se lee el origen del edificio. Ese azulejo cita la Ley Salmón o Ley de Previsión contra el Paro, promulgada el 25 de junio de 1935 por Federico Salmón Amorín, ministro de Trabajo, para paliar el elevado paro obrero mediante la construcción de viviendas públicas.
Los azulejos cervantinos en cuestión, ocupan los frentes de los dos forjados que separan la planta baja de la primera, y la primera de la segunda. También parte entre la segunda y la tercera.
Es en el cuerpo central del edificio, alrededor de las dos ventanas situadas sobre el portal de entrada, donde hay una mayor profusión decorativa quijotesca, con una serie de cinco azulejos de mayor tamaño que el resto. Entre ellos el retrato de Cervantes, copia del famoso retrato de Jáuregui. Y también, un azulejo con un desnudo mapa de España en el que solo se localiza La Mancha.
Así que, si usted lector, pasea un día por Madrid y busca la huella de Cervantes, acérquese por Acacias 59. Un barrio muy cervantino, como lo es Madrid.
Y con buena gente.