scorecardresearch

Una fíbula al alcance de muy pocos

Jaime Galán
-

El Museo de Santa Cruz acoge desde esta semana una reliquia vetona fechada a mediados del siglo II a.c. Los investigadores creen que perteneció a un jefe de caballería

La fíbula expuesta en el museo mide cinco centímetros y medio de ancho y otros cinco de alto. - Foto: Yolanda Lancha

Antes de Cristo ya existía la moda. Aunque no lo parezca, las personalidades de la época ya decoraban sus prendas con prestigiosos detalles para diferenciar las clases o reconocer ciertas personalidades de la sociedad. En época vettona, un elemento común para determinar estas situaciones, y ya de paso para sujetar sus vestimentas, eran las fíbulas. Para aquel que las desconozca se dice de la pieza metálica utilizada en la antigüedad para unir o sujetar alguna de las prendas que componían el vestido, ya que los botones no se desarrollaron hasta épocas posteriores. Si se vinculan aún más las fíbulas conocidas en el entorno visigodo más toledano, las más comunes o reconocidas son aquellas que tienen forma de águila o ave. Sin embargo, desde el pasado martes 11 de enero, el museo de Santa Cruz de Toledo muestra una pieza con forma de caballo y jinete, aunque su estado actual conserva únicamente la forma del animal. Esta pieza sería vinculada mayormente a la comarca de Talavera, en torno a las tribus de los 'vettones'.

Ustedes se preguntarán cómo llegó hasta el museo toledano semejante pieza. Básicamente se encontró en una campaña de excavación y análisis en el yacimiento del Cerro de la Mesa, junto a Alcolea de Tajo, en el año 2005. Tras todo un trabajo de análisis e investigación, la fíbula del caballo y el jinete se podrá visitar hasta el 30 de abril en Santa Cruz. El doctor en Prehistoria de la Universidad de Castilla-La Mancha, Juan Pereira, desveló todo el proceso de su hallazgo. La  pieza se encontraba entre los escombros de una residencia doméstica de la época que «habría sufrido un incendio». El profesor relató que cuando se encontró presentaba un aspecto muy diferente al actual, al estar cubierta de óxido y tierra, entre otros elementos. Posteriormente, la fíbula fue sometida a un proceso de restauración que la dejó en ese color actual, entre verde y rojizo, pero los investigadores llegaron a la conclusión de que en su día sería de color dorado, al estar fabricada en bronce. 

Analizando las características en cuestión de esta fíbula, Juan Pereira la definió como un elemento «espectacular, al alcance de muy pocos». Y es que el historiador reconoció que su gran tamaño la diferencia de otras piezas parecidas y la enclaustra en «un club selecto». De hecho, Pereira explicó que hace unos años también se encontró una similar en un yacimiento de Aragón, lo que les lleva a pensar que «existía un mismo taller que las fabricaba o, al menos, un modelo común con el que trabajaban los artesanos de la época».  Para detallar esa exclusividad de la fíbula, Pereira matizó que en España se habrán encontrado alrededor de 300 piezas de un caballo y con menores dimensiones, pero similares a la que estos días se expone en Santa Cruz «solo habrá una docena repartida por el territorio español». La investigación realizada hasta el momento les indica que los portadores de este tipo de fíbulas pertenecían a «los jefes guerreros que eran elegidos dentro de las unidades de caballería más prestigiosas».

El fragmento de la fíbula que se puede ver en el museo de Santa Cruz mide aproximadamente cinco centímetros y medio de ancho y otros cinco centímetros de alto. Una pieza llamativa en la época y que ahora, desde una vitrina, expertos como Juan Pereira no dudan de que será una de las piezas codiciadas del mes en el museo de Santa Cruz.